Sayed Kashua en Barcelona


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No os he visto en la presentación de Sayed Kashua en la Universidad de Barcelona. ¿Acaso no habéis visto el anuncio de Estrella-Damm? “¡Levántate del sofá y entrena el alma!”. Lo sé. No os culpo. Flaco favor hacen promocionando la cultura con esa basura sensiblera de anuncio. ¿Mediterráneamente? ¡Iros a hacer puñetas publicistas gilihippies!

Dicho esto, dejar que comparta con vosotros unas notas acerca de este sensacional escritor que estuvo promocionando su último libro “Segunda persona del singular” esta tarde en la Facultad de Filología de la UB.

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Y es que la cosa prometía. Presentación del libro con el escritor, bien custodiado por Roser Lluch (su traductora al catalán), el periodista y escritor Vicenç Villatoro, y Ana Bejarano, Doctora en Filología Hebrea, traductora y gran especialista en Literatura Hebrea. Para aquellos que no conozcáis a Sayed Kashua, deciros que es un escritor de lo más particular. Palestino nacido en Tira (Israel) forma parte de ese 20% de la población conocidos como árabes-israelíes. No queda ahí la cosa, Kashua se encuentra en este momento en la cima de la Literatura Hebrea. Con su estilo directo y lleno de humor toca el nervio más primitivo de la vida israelí: La escritura de ficción que habla sinceramente acerca de las relaciones étnicas (por llamarlo de alguna forma) y la tensión religiosa en el más complicado de los países. Un narrador de historias complejas que se ubica en el extraño linde del modismo hebreo moderno con la tradición milenaria clásica que nos remite al exilio, y que aunque no forma parte de él al no ser judío, se convierte en una verdadera encarnación viviente de nuestra propia y traumática historia.

Los personajes de todas sus novelas presentan rasgos parecidos: desgraciados, anti-héroes, árabes-israelíes sin nombre propio, además. En su última novela, la tercera, “Segunda persona del singular”, nos ofrece no uno, sino dos de estos antihéroes. Uno de ellos será “el abogado”, el segundo, Amir. El hecho de que uno de sus protagonistas tenga el lujo de poseer un nombre no significa mucho. Amir es un nombre común entre árabes y judíos, factor que Kashua se asegura de señalar a sus lectores para zambullirlos en el tiovivo de las identidades cambiantes. Amir no tardará en abandonar su nombre y su identidad árabe para adaptar la de un joven israelí llamado Yonatan, que se encuentra en estado vegetativo como resultado de un intento de suicidio fallido. En las narraciones separadas pero entrelazadas, Amir/ Yonatan y el abogado sin nombre se embarcan en una aventura plagada de problemas que giran en torno a la  aceptación e inclusión en la actual Jerusalem.

Pero la novela y el escritor van mucho más allá, como señala Villatoro en la algo destartalada aula del Pati de Lletres. Para él, esta novela funciona como un reloj, con una trama bien construida. No convierte la narración en un ejercicio de política ni de historia, sino en un excelente retrato costumbrista donde se desarrollan todo tipo de temas universales como la perplejidad, los celos, la amistad, el amor y el desamor; con el conflicto y Oriente Medio como escenario. Estos forman el paisaje de lo que el autor quiere explicar. Apunta igualmente su fascinación por cómo el autor trata el tema de la identidad, la identidad de frontera en particular. La maravillosa manera en que los personajes van bailando entre identidades distintas, que a veces son permeables, a veces no.  “A los catalanes nos interesa mucho esto”, apunta.

Ana Bejarano, que actúa como traductora simultánea, presentadora y moderadora, enmarca al escritor en el mapa generacional de la Literatura Hebrea. En su opinión, Sayed entra en la generación post-modernista, alejada de la generación que la precede, la del “yo”, donde entrarían A.B. Yehoshua o Amos Oz, por ejemplo”. Igualmente repasa aquellos contados casos de judíos israelíes que escriben literatura en árabe, como Samir Nakash o Sami Michael (ambos de procedencia iraquí), o de árabes que escriben literatura en hebreo, que tampoco abundan extensamente.

La presentación transcurre en hebreo y catalán, cosa que se agradece, ya que permite escuchar a Kashua con su tono bajo, como un murmullo, hablar hebreo con ese deje árabe. Lamentablemente, no se lió a hablar demasiado. Alguna anécdota (escribirá en su columna semanal del Haaretz sobre Catalunya, diciendo que en comparación el conflicto en Oriente Medio es tranquilo…), algún apunte sobre el libro, sus planes futuros, pero sin mojarse. Se echaron de menos preguntas relativas a su condición identitaria, tan compleja, y de cómo ésta se plasma en su obra, por ejemplo. O quizás saber cómo la comunidad palestina lo ve a él en su condición de escritor hebreo… Salí con la sensación que se desaprovechó un poco.

El aporte estrambótico lo dio el editor en catalán de Sayed Kashua, por partida doble. Por un lado, cortó a Roser Lluch al entender que estaba explicando y dando a conocer demasiados detalles de la trama de la novela. Y por otro, al finalizar, cuando estábamos a punto de aplaudir, aprovechando que se había reunido un buen mynian, saltó a la tarima intentando vender algunos ejemplares del libro. Bastante cicatero todo junto. Eso si, muy “mediterráneamente”, claro.

Un pensamiento en “Sayed Kashua en Barcelona

  1. Santiago E. González
    6 marzo, 2014 a las 22:08

    Muy acertada crónica.

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