SAY IT IN YIDDISH – La literatura yiddish: ¿Una literatura universal?


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Dos editores trabajan en la oficina de un periódico yiddish en la Nueva York de los años 20, uno imprimiendo periódicos, el otro mirando por la ventana. El que está mirando por la ventana, al ver pasar una procesión funeraria, le grita al otro editor: “¡Imprime uno menos!”

                Máquina de escribir con teclado en Yiddish

La profesora de literatura yiddish de la universidad de Harvard, Ruth Wisse, en su último libro titulado No joke: Making Jewish Humor (2015), considera que el humor judío es la mejor respuesta a la modernidad y a su vez puede utilizarse para analizar situaciones serias aparentemente alejadas del humor. La anécdota anterior sirve para introducir una realidad que cambió el rumbo de la literatura yiddish a mediados del siglo XX. Constata cómo los lectores de la prensa yiddish, el alma de los escritores yiddish de los siglos XIX y XX, estaban disminuyendo dramáticamente y ya no iban a ser los principales consumidores de la literatura yiddish. Este nuevo escenario provocó que muchos escritores yiddish empezaran a traducir sus obras al inglés, no sólo para encontrar lectores judíos asimilados, sino que, lo que es más importante, la traducción permitió la exposición de la literatura yiddish a audiencias no judías.  Estos escritores en América del Norte, en un proceso de autopreservación, sentían que su escritura necesitaba ir más allá del yiddish en sí mismo. La idea consistía en que un texto naciera en yiddish y luego se convirtiera en americano. El objetivo era pasar de una minoría que representaba el yiddish a un contexto mundial. Para muchos de estos escritores la traducción o el escribir en inglés fue el pasaporte para la asimilación. El caso más notorio fue el de Abraham Cahan, escritor, editor y fundador del aún existente diario yiddish Forverts que vió cómo su novela The rise of David Lewinsky se convirtió en un best seller.  Más conocido es el caso de Isaac Bashevis Singer, que aunque fue consciente de que en las traducciones se perdía la esencia del yiddish, fue precisamente gracias a las traducciones al inglés que él mismo supervisaba, que pudo llevar la cultura yiddish al mundo al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1978. Cuando le preguntaron acerca de la desaparición de los lectores en yiddish, rápidamente respondió que no había nada de qué preocuparse, ya que las futuras generaciones iban a necesitar un tema para escribir sus doctorados. La envergadura y la aportación a la cultura yiddish de este escritor merecerá en el futuro un artículo aparte en esta sección.

Artículo de la edición The Jewish Transcript publicado
el 23 de Marzo de 1928 donde cuestiona el futuro de la
lengua yiddish. Imagen cortesía de The Jewish Sound.

Las preguntas que cabe hacerse están presentes en todos los escritores yiddish de esa época: ¿cuál era el futuro de la lengua yiddish? ¿Podía establecerse, una vez traducida, dentro de los cánones de la literatura universal? En este sentido, el poeta yiddish Jacob Glatstein se opuso a traducir su obra.

Jacob Glatstein (1896-1971)

Traducir su obra del yiddish a una lengua universal significaba perder el único hogar que había conocido, la lengua yiddish. Glatstein, nacido en Lublin (Polonia) en 1896 tuvo que exiliarse a Nueva York en 1914 a raíz del crecimiento de antisemitismo en su ciudad natal. Glatstein quería formar parte de ese canon universal, pero bajo sus condiciones y literalmente en su lengua poética originaria, el yiddish. Sostenía que todo escritor yiddish era ya automáticamente un escritor del mundo (ממילא אֵ וועלט שרייַבער), independientemente de si su obra había sido traducida, independientemente de su número de lectores, incluso si uno no tenía un público en absoluto.

Saul Zaritt, profesor asociado de Harvard University, en su artículo “The world awaits your yiddish word”, propone cuáles son los  aspectos que convierten una obra en literatura universal y explica cómo Glatstein supo resolver este dilema desafiando al mercado comercial. Todo escritor, según Glatstein, tenía que escribir en yiddish a pesar de su condición de exiliado, a pesar de la disminución del número de lectores y siempre dentro de la modernidad. Glatstein, junto con A.Glanz Leyeles y N.B. Minkoff, lideraron uno de los grupos poéticos más innovadores de la lengua yiddish en la Nueva York de los años 20. Sus poemas, inspirados por T.S.Eliot, Ezra Pound y James Joyce, entre otros, focalizan su atención en la forma y en los juegos lingüísticos de la lengua yiddish. Los temas que tratan son principalmente seculares. Ya no se escribe acerca de la vida en el shtetl: se describe la vida en las grandes ciudades, la soledad del individuo, aparecen incluso temas cristianos, pero siempre en yiddish. Glatstein se preguntaba entonces, si sus poemas eran traducidos, ¿qué elemento judío le quedaba a su obra? De ahí surge su negativa a ser traducido, o incluso la casi imposibilidad de ser traducido debido a la utilización que hace el poeta de un yiddish complejo en el marco de una experimentación poética creando así su propio lenguaje individual, su estilo. En sus poemas, el autor puso al descubierto las propiedades únicas de la lengua yiddish, articulando la interacción de las fuentes originales del yiddish, utilizando la riqueza de los modismos del yiddish para crear nuevas metáforas poéticas, y tejiendo las entonaciones de la oralidad del yiddish en unas frases precisas creadas por una mirada moderna. Si Sholom Aleichem era considerado como “el Mark Twain judío”,  Glatstein podría considerarse como el “James Joyce judío”, no es casual que fuera el mismo Glatstein quien tradujera la obra de Joyce al yiddish haciendo valer esa voluntad de querer mostrar los juegos singulares de la lengua yiddish y así establecerla en la modernidad. El yiddish podía ser tan universal como Joyce.

Glatstein defendía que escritores como Joyce, Gogol, Pushkin, Bialik, Sholom Aleichem profesaban un amor por su lengua de tal envergadura que traducirlos sería como arrancarles de su vientre materno. El poeta se debe a la lengua, como establecía T.S.Eliot, y por ello debe concentrarse en el propio lenguaje en lugar de intentar hacer una contribución más generalizada a la literatura mundial. En uno de los poemas centrales de יידישטייטשן (yidishtaytshn)-una de sus obras más complejas y más difíciles de traducir)-, “Mir, di vortproletaryer” (“Nosotros, los proletarios de la palabra”), Glatstein llama al poeta yiddish a convertirse en un proletario para el idioma yiddish en sí.

Es indudable que el yiddish forma parte del canon universal gracias en gran medida a las traducciones. Sin embargo, Glatstein nos dejó en el título de una de sus conferencias en defensa del yiddish, unos de sus más bellos mensajes: el yiddish había de ser, “Una lengua para siempre, no solo por un tiempo”. Lo que hizo Glatstein no fue llevar el yiddish al mundo sino llevar el mundo al yiddish. Como afirmaba Joyce, en lo particular se encuentra lo universal.

 

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