Los comienzos de la Comunidad Israelita de Barcelona, parte I.


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Durante la Primera Guerra Mundial llegan a España, y principalmente a Barcelona, entre mil y dos mil judíos turcos procedentes de la Europa occidental, en su mayoría residentes en Francia. Un gran porcentaje de ellos volverá a sus países de origen tras finalizar la guerra. Otros pocos se quedarán. El 6 de mayo de 1919, casi dos meses antes de la firma del Tratado de Versalles, serán finalmente aprobados los estatutos de la nueva Comunidad Israelita de Barcelona. Diecisiete pioneros de diversa procedencia serán los fundadores: Barchilón y Benssusan, habían llegado de Tanger, Matalón, Harari, Beressi, Eskenazi, Haim y Matarasso, eran oriundos del Levante otomano, Samson Sobol era originario de Maguilov, Rusia, los hermanos Metzger, Edmundo y José, al igual que Sigmund Kirschen venían de la Europa Central. Basándose en la Ley de Asociación de 1887, firmaron los estatutos, estableciendo como presidente a Edmundo Metzger, como secretario a Enrique Talarevitz y como encargado del culto a Alberto Alazraki. Alquilaron un local como sinagoga en un chalet situado en el número 250 de la calle Provenza. Durante los primeros años ocuparán tan sólo los bajos y una parte del jardín. Ésta será la primera sede de la Comunidad Israelita de Barcelona tras su expulsión en 1492.

Una vez terminada la Primera Guerra Mundial siguieron llegando a Barcelona judíos del Levante mediterráneo, empujados por la crisis económica y por la proliferación de los nacionalismos. La comunidad judía barcelonesa continuó creciendo. La siguiente oleada de inmigrantes judíos llegará procedente de Rusia, llegaban huyendo de la revolución bolchevique. En 1925 se estimaba la población judía de la ciudad en un millar de personas, cifra que se duplicará tres años después.

El 22 de mayo de 1930, el periodista Joan Alavedra, recordaría en el diario El Mirador, la llegada de aquellos judíos :

“Fou l’any 1914, tot just esclatada la guerra. Heus ací que una tarda, de cop i volta, sense que sabés d’on havien sortit, unes colles d’homes bruns, tronats, de caminar cadenciós, començaren a ronsejar per aquells carrers amb el nas en l’aire. Miraven pels balcons, preguntaven per les botigues si hi havia pisos o habitacions per llogar. Parlaven un castellà inèdit, ple de sorpreses, animat per una música antiga: Qui eren aquella gent? «Yo soy turco». «Yo soy griego». «Yo soy búlgaro». «Agora no podemos merar ande nosotros…. La guerra…» Habitacions rai! A piles s’encabiren.. De dalt a baix del carrer només se sentia : «La Turquía».. «L’Inglaterra…» «Los judios…» Jueus! La gent ni s’ho volia creure: Els miraven el cap cercant-hi les banyes, el darrera cercant-hi la cua. Però que encara en quedaven de jueus? «No muchos… Como quince, millones…» Reina Santíssima!… El jueu errant havia arribat a Barcelona (…). Aquella nit, a cada habitació, de cada pis, de cada casa, de cada carrer, de cada barri, els Amon, els Valero, els Crispi, els Lidgi, els Cohen, els Esquenazi, viatgers de totes les terres i de totes les mars — començaren a encendre davant dels nostres ulls atònits totes les meravelloses llumenetes orientals. I aquells homes que parlaven deu idiomes, que feien anar Calcuta i Nova York, Sofia i Buenos Aires, com nosaltres fem anar Sans i el Poble Sec, Sant Gervasi i Sarrià, ens demostraren que la història i la geografia no són aquelles assignatures de cartó que ens ensenyaren a col.legi, sinó una cosa molt humana i molt vivent(…) En vingueren a mils. Alguns, pocs, acabada la guerra se’n tornaren. La mejor part s’han quedat. De qué fan? Hi ha de tot. Tenedors de llibres, metges, comissionistes, comerciants… Gairebé tots s’han situat. Alguns s’han casat — civilment — amb catalanes. Estan encantats de Barcelona i no en volen pas marxar.”

Los hermanos José y Edmundo Metzger, judíos suizos procedentes de Basilea, habían llegado a Barcelona a principios de siglo XX. Al menos desde el mes de febrero 1905 hay constancia de su presencia en la ciudad. Son jóvenes y emprendedores, cuentan con veintidós y veinticuatro años respectivamente.

Durante los primeros años aparecen como representantes de marcas comerciales, en su mayoría de firmas alemanas, como es la caso de la Christoph & Unmack, para luego, años más tarde, convertirse en fabricantes de maquinaria industrial. Patentan un sinfín de inventos hasta que establecen sus propia fábrica en el barrio de Sant Martí, en el número 58 de la calle Provençals, la bautizan como Talleres Weil S.A., en honor a la rama materna de su familia.

Casa Metzger, Paseo de Gracia número 76.

En poco tiempo se ganan el respeto de la industria española y catalana. Venden un sinfín de artilugios industriales: maquinaria y aparatos para lecherías, lavaderos mecánicos, gemelos de campaña para el ejército y la marina, aparatos e instrumentos para rayos X y alta frecuencia, bombas químicas para la extinción de incendios, etc. Muy pronto se convierten en proveedores del Gobierno y la Casa Real.

Edmundo y José están pletóricos cuando acaba el 1917. Su negocio marcha estupendamente, entre sus clientes se encuentra el Ministerio de Guerra y el Ejército, tiene oficinas repartidas por toda España: Madrid, Bilbao, Barcelona, su nombre y su rostro comienzan a ser reconocidos por la ciudad. Edmundo se deja ver por los locales más concurridos, bailes del Hotel Oriente, vermouth en los salones del Majestic-Hotel Inglaterra, cenas en el Musee Dore. Además es un fervoroso amante del deporte, juega a tenis en las pistas de la Real Asociación de Barcelona, de la que es socio, participa como jinete en competiciones de hípica.

Ambos veranean en Montcada, donde son muy respetados por la colonia de veraneantes, también gozan de mucha reputación en el seno de la colonia suiza, donde tiene muchas amistades, entre los que se encuentra el cónsul Francisco Nippel. No hay que olvidar además que José ocupa el cargo de presidente del Colegio Suizo.

Una nota de prensa del periódico La Publicidad, aparecida el 7 de julio de 1919, nos muestra su influyente posicionamiento en la sociedad catalana:

“El acto de la inauguración de los nuevos locales de la casa Edmundo y José Metzger, de que dimos cuenta en nuestra edición anterior, asistieron, entre otras personalidades, el presidente de la Mancomunidad señor Puig y Cadafalch, el cónsul de Suiza, M. Nipper, el inspector general de Sanidad señor Martín Salazar, y el diputado provincial señor Fages. Hicieron los honores a los invitados los señores Metzger y el abogado asesor de la casa don Joaquín Juanola.”

 

Inauguración de los nuevos locales de la Casa Metzger (Fuente: La Publicidad,  a 7 de julio de 1919).

En la concurrida vida social barcelonesa coincidirán con otro industrial judío, Enrique Talarewitz, con el que mantendrán una fructífera relación. En poco tiempo Labor se convierte en una de las firmas más importantes del país. Su situación contrasta con la mayoría de judíos que llegan por entonces a la ciudad en busca de nuevas oportunidades. Los Metzger, conscientes de la situación, no les darán la espalda y asumirán un papel benefactor. A través de la invitación del profesor Abraham Shalom Yahuda, primer titular de la cátedra de Hebreo de la Universidad de Madrid, y Max Nordau, médico y líder sionista residente en Madrid desde septiembre de 1914, los Metzger comenzarán a trabajar para conseguir los fondos necesarios para mejorar la situación de los recién llegados.

(…)

2 pensamientos en “Los comienzos de la Comunidad Israelita de Barcelona, parte I.

  1. Helbert Martín hernandez
    2 marzo, 2017 a las 2:10

    Extraordinario trabajo de redacción y muy fácil de entender, asimismo me adentran en la época descrita y para mi lo mas importante. Adquiero bastante conocimiento sobre los judíos de esa época. Gracias mil. Shalom.

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