La indomable Felicia Browne


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Felicia Browne con un niño en brazos, 1936. Collection Tate Archive (TGA 201023/3/1)

Felicia Browne sosteniendo a un niño en brazos, 1936. [Collection Tate Archive (TGA 201023/3/1)]

A mediados de julio de 1936, Felicia Browne, una artista inglesa de poco más de treinta años, viaja a España acompañada por una periodista que había conocido en el círculo de refugiados izquierdistas. Se trataba de Edith Bone, una húngara vinculada al Partido Comunista Británico y sospechosa de trabajar para el NKVD. La intención de ambas era asistir a la Olimpiada Popular. El 12 de julio, la pareja llega por carretera a Paris y se aloja en un hotel cerca de la gare de Montparnasse. Dos días después, viven, a pie de la Bastilla, los festejos del 14 de julio. En una carta escrita a su amiga Elizabeth Watson, fechada desde el hotel, describe entusiasta lo que ven sus ojos: “¡La gente aquí está viva de verdad!”. Varios días después continuarán su camino hacia el sur, rumbo a Barcelona. Poco antes de llegar, en una maltrecha carretera de la costa catalana, sufrirán un accidente al estrellar su coche en una bifurcación. Informarán de lo sucedido al cónsul británico, el señor King, que acudirá en su ayuda. El 19 de julio, estando ambas presentes en Barcelona, estalla la guerra. Desde entonces la pareja comienza a distanciarse. Bone trabajará para el corresponsal del Daily Worker, Claud Cockburn, alias Frank Pitcairn. En una carta fechada el 31 de julio, escribe:

El domingo y el lunes fueron días terribles – 19 y 20 de Julio –, pasé la mayor parte del tiempo buscando a Ed – Edith Bone – y luego a su cámara fotográfica la cual necesitaba una película adicional. Iba de un lado a otro agazapada esquivando balas. Llegué a Plaza Cataluña a las 11 a.m y fui testigo de una batalla sangrienta […]”

Diez días después, el 26 de julio, Bone y Claud Cockburn se marchan a Lérida “para estar más cerca del frente”. Por su parte, Felicia permanece en Barcelona al no disponer de permiso para desplazarse. Lo obtiene dos días después. Llega a Lérida con la intención de encontrarse con sus amigos, pero no puede localizarlos. Se aloja en la Casa del Pueblo y aprovecha su estancia en la ciudad para ver a García Lamolla. El 31 de julio ya está de vuelta en Barcelona.

El 3 de agosto, de repente, y sin que nadie pudiera predecirlo, Felicia Browne se presenta en la oficina de alistamiento del PSUC, en los bajos del Hotel Colón. Según la versión de Sidney Smith, corresponsal del Daily Express, entra en la oficina diciendo:

“¡Soy militante del Partido Comunista Británico y puedo combatir como cualquier hombre!”

A pesar de ser militante no le resultó fácil integrarse en las milicias, sin embargo, como a lo largo de su vida, la insistencia acabó dando sus frutos. Los esfuerzos disuasorios de gran parte del aparato del partido resultaron inútiles ante su determinación.

Unos meses atrás, en plena primavera, escribía una carta a su amiga Elizabeth Watson, que evidenciaba esa determinación:

Me dices que estoy huyendo de mí misma si no pinto ni hago escultura. Y, a día de hoy, no existe pintura que pueda pintar ni escultura que pueda esculpir. Simplemente no puedo. Ahora mismo solo puedo hacer aquello que es más válido y urgente para mí. No puedo obviar este terremoto que tengo ante mí.”

Felicia había crecido en el seno de una familia de clase media con valores socialistas. De niña había sido estimulada por su entorno para que explorara su lado creativo, así, día a día, había ido aficionándose a la pintura. Felicia vivió con normalidad este proceso, y siempre contó con el apoyo incondicional de sus padres, los cuales aceptaron con complacencia su intención de convertirse en artista. En 1920 fue inscrita en la Slade School of Fine Arts, una de las escuelas más prestigiosas de Londres.

No ocurre nada en ese periodo que nos hable de su compromiso político, nada que haga despertar ese interés. Todo cambia, sin embargo, en 1928, cuando, por recomendación de un profesor, decide perfeccionar sus técnicas de amasado y metal en Berlín.

Será en la capital prusiana donde descubrirá la vida comunitaria de la clase trabajadora, con la que convivirá alegremente. Pero fue el avance del nazismo, lo que acabó gestando su decidida actitud militante. Como recordaría años más tarde, durante uno de aquellos desfiles propagandísticos de las SA, sintió en carne propia la violencia indiscriminada de los sabuesos nazis. La experiencia alemana había calado intensamente en su conciencia.

A principios de 1930 volverá a Londres ya como militante. Tres años después se afiliará al Partido Comunista. Nan Youngman, un amigo de entonces, recuerda esa nueva actitud militante:

“Felicia era mucho más consciente de la grave situación política en que la nos hallabamos que ninguno de nosotros. Ella sabía lo que ocurría y, más importante, lo que podia ocurrrir, por eso se estaba preparando para ello. En aquella época solía acudir a clases de defensa personal”

Durante aquellos años visita la URSS, Hungría y Checoslovaquia. Los meses anteriores a su último viaje, el que le llevará a España, intenta sumergirse en la vida de la clase trabajadora. Trabaja de empleada en una tienda, lo que le acaba alejando de sus antiguas amistades. En una carta escrita a su amiga Elizabeth Watson, leemos:

“(…) mientras yo estoy arrastrándome monstruosamente por los suelos tú estás durmiendo”

El 5 de agosto, tras sortear todos los impedimentos, Felicia se sube al tren que le llevará al frente. Se establece en el cuartel general de Tardienta, comandado por el PSUC, donde desarrollará una labor meramente sanitaria.

Dibujos de Felicia durante su estancia en Tardienta, agosto de 1936.

Dibujos de Felicia durante su estancia en Tardienta, agosto de 1936.

El 8 de agosto escribe su última carta a Elizabeth. Le habla de su nueva vida de miliciana y le relata la maravillosa historia de tres jóvenes judíos de Stepney que han llegado hasta Barcelona en bicicleta. Se trata de Sam Masters, Nat Cohen y Alan Sheller. El 22 de agosto, en el intento de acudir a la llamada de auxilio de un camarada italiano, Felicia Browne es alcanzada por un francotirador enemigo.

Un pensamiento en “La indomable Felicia Browne

  1. 29 enero, 2017 a las 20:49

    Murió el mismo día que Elisa García, una miliciana que había resultado herida días antes en Tardienta y que falleció días después en el hospital militar de Sariñena. Seguro que se debieron de conocer, ejemplo de mujeres valientes que dieron un gran paso para luchar contra el fascismo y contra una sociedad que relegaba a la mujer a un segundo plano. Son un gran ejemplo de mujeres, valientes y luchadoras!!!

    https://osmonegros.com/2015/06/18/elisa-garcia-saez-%C2%93la-miliciana%C2%94/

    Salud!!!

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