La Disputa


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“The Notorious” McGregor no tiene rival en la UFC, la mayor competición de artes marciales mixtas del mundo. Es difícil encontrar ni siquiera en el reino animal un ser vivo tan voraz. Le bastaron 13 segundos y un puñetazo cruzado para noquear a José Aldo. Así saltó a la fama. Detrás de su aspecto risueño (de Matisyahu dublinés) se esconde un luchador completo y una estrella poco ortodoxa.

Los medios hacen eco de su próximo gran reto; batirse en duelo contra “The Money” Mayweather, el boxeador más laureado de la historia. También el más rico y el más desagradable.

El combate, de boxeo, se desarrollará en Las Vegas con más de 100 millones de dólares de recaudación y una sola incógnita, la preparación de McGregor en una disciplina que no es la suya. Sin el uso de codos ni rodillas a McGregor solo le queda cerrar los ojos, verlo todo negro y saborear la lona. El combate se presenta tan desigual y controvertido como el que sufrió “Ramban” Nahmánides en 1263 cuando tuvo que enfrentarse a “The Converse” Christiani.

El Ramban, que predicaba sobre la preeminencia de la filosofía, tuvo que limitarse a discutir contra su oponente a propósito de la llegada del mesías (para él un aspecto menor del Talmud). Con todo, este sabio tampoco pudo desplegar sus codos que eran la lógica y la ética, ni sus dos rodillas.

Un par de golpes de martillo le hubieran bastado para noquear a “The Converse” Christiani pero tuvo que retenerse y aceptar el amaño, su condena al destierro. Estas disputas, que parten de fuertes desigualdades, solo molan cuando gana la parte más frágil. Esto es así tanto en Las Vegas como en el antiguo Call Jueu de Barcelona.

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