Hummus de pimiento rojo asado, última vía para la autodeterminación


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Ya iba siendo hora que el activismo político llegara al mundo de las aplicaciones móviles. Y es que a estos cacharros hay que sacarles todo el jugo, ya sea para encontrar ofertas de ropa, solteras en tu barrio o un poco de conciencia política global. Lucia El Asri, de la revista Yorokobu, nos hace llegar lo último en apps en este sentido, una aplicación para seguir con tu Smartphone la campaña BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones): http://www.yorokobu.es/bds-app/

Magnífico. La tecnología al servicio de los derechos humanos. ¡Ya tardabais! Llevaba una semana sin tema sobre el que escribir. La BDS y las app son de mis favoritos, juntos aún mejor. Venga, vayamos por partes.

Una usuaria de BDSapp apoyando la causa palestina desde su smartphone.

Una usuaria de BDSapp apoyando la causa palestina desde su smartphone.

Quién piense que la BDS es una herramienta a favor de la paz se va a dar con un canto en los dientes. Si no, que le eche un vistazo a su web (BDS sección Catalunya es muy recomendable). Allí se presenta su manifiesto. Si usted quería protestar contra los asentamientos de Cisjordania, por ejemplo, o apoyar la solución de dos estados con la creación de Palestina: jódase, aquí no hay diferencias, no se andan con chiquitas. Estamos hablando de un boicot total, académico (da igual si el profesor de turno se caga en la derecha israelí), social, comercial y cultural. Aquí de lo que se trata es de señalar a un estado como moralmente reprobable. En el mismo saco entra todo, Shimon Peres, la flotilla, Shalit en el Camp Nou, Eurovegas, los potingues del Mar Muerto, la Filmoteca de Catalunya, el profesorado de la Universidad Hebrea, los Amics de la Unesco, Tiglatpileser III, y si te descuidas hasta tu madre (puede que esté dando cobertura al régimen imperialista). Dicho claramente, aquí no se aboga ni por la paz, ni por el entendimiento ni por el diálogo. Omar Barghouti no es Nelson Mandela, y su movimiento no se opone solo a la política de ocupación y de asentamientos, sino a su misma existencia.

¿Por qué pasa esto? Muy fácil, los europeos bienintencionados, llámense izquierdistas, liberales o intelectuales necesitan distinguir quiénes son los chicos buenos y quiénes son los chicos malos de la película. En algunos casos, es muy fácil. El apartheid sudafricano era muy claro, por ejemplo. Mucho me temo que en Oriente Medio la cosa no va así.

Amos Oz, fundador del movimiento pacifista Shalom Hajshav, marca igualmente esta distancia y la complejidad del asunto que nos traemos entre manos, señalando el peligro de entrar a jugar en la dicotomía del “Buenos vs. Malos”. Él gusta de definir el conflicto árabe-israelí como una tragedia en el sentido más antiguo y preciso del término: un choque entre derecho y derecho, entre una reivindicación muy convincente, muy profunda, muy poderosa, y otra reivindicación muy diferente pero no menos convincente, no menos poderosa, no menos humana. He aquí la diferencia en el modus operandi igualmente. Para el idealista europeo, negociar (o llegar a un acuerdo) es algo nefasto, ya que se considera oportunista, artero y oscuro, implica falta de coraje. En Oriente Medio, llegar a un acuerdo significa, nada más y nada menos, darle una oportunidad a la “vida”. Lo contrario es el fanatismo y la muerte. No pocos abogan por ello en el territorio, triste es que se defienda este postulado fuera. Flaco favor se hace. Importa una mierda que la misma Europa que colonizó el mundo árabe, explotándolo, humillándolo haya sido la misma que discriminó a los judíos, les persiguió hasta intentar exterminarlos en masas, a un pasito estuvo. Ya ha pasado tiempo, ahora Europa ya está lista para juzgar las consecuencias de su propia y vomitiva política. Pero no solo eso, el manifestante, el idealista de estos lares, tiene los santos huevos para salir a la calle y proclamar: “Viva la paz!”. No, no, no… no es así, es más bien “Viva mi paz!” y que lo dejen en paz. Un tiempo más tarde la fiebre por Palestina baja, hasta la siguiente ocasión. Los manifestantes dejan de manifestarse, es la hora del Gin Tonic. Lo triste es que la obsesión con Israel raya lo obsesivo-compulsivo. Yo elijo el conflicto, yo decido donde se violan los derechos humanos, y por supuesto, con mi propia escala.

Este mismo “Viva mi paz!” engloba una perspectiva que defiende la multipolaridad de potencias soberanas garantizándose mutuamente, en contra de   la hegemonía del enemigo americano, el derecho de hacer de todo en el medio correspondiente a su dominio. Aquí no vale la pena jugársela. Cada uno es amo de su casa, a cada carnicero su rebaño, a Assad su pueblo. Mejor no mirar a Siria, es difícil entender que pasa por allí ¿Quién es bueno y quién malo? ¿Con quién estamos? ¿Con Assad, Jizbulá, el Partido Nacionalsocialista Sirio y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán?, ¿O más bien con el Consejo Nacional Sirio, Al Qaeda, los separatistas uigures, el Consejo Nacional Kurdo y los chechenos? Más de 110.000 muertos, dos millones de refugiados y nadie en la calle. Ningún país excepto Estados Unidos, Turquía y Francia dispuestos a intervenir. ¿Derechos humanos? Mejor vamos a boicotear a Noa que ha tenido las narices de venir, en la mismísima Diada, a hablar en catalán a favor de la paz.

Volvamos a Yorokobu.

«En estos momentos solo existen dos alternativas para frenar la ocupación», afirma Sergio Yahni, argentino de origen judío que vive en Israel y codirige el «Alternative Information Centre». «Una es la acción no violenta de resistencia popular y la otra es el choque violento». 

Vaya monstruo de la teoría política. ¿Podemos estar frente a un nuevo Carl Schmitt? Debe haber tardado años en construir tal teoría. Fino, elegante, lo abarca todo. Esperamos otros análisis similares sobre el conflicto de Crimea, seguro que serán igualmente reveladores.

Seguimos.

Quienes estén de acuerdo con la campaña de BDS pronto podrán hacerlo también desde su smartphone a través de la ‘BDS app’. ¿Para qué servirá? La información que existe actualmente sobre la aplicación aún es escasa, pero su objetivo es claro: permitir que cualquier persona, gente común no conectada con la política, pueda contribuir al movimiento de una forma más social.

boicot3Bien. La aplicación da poca información, pero da bastante igual. Lo importante aquí es permitir que la gente no conectada con la política pueda formar parte de un movimiento de boicot estatal. ¿Que no tienes ni puta idea del conflicto? Mejor, pensar es peligroso, por eso, la BDS app te lo pone fácil. Nosotros marcamos unos objetivos a demonizar, tu simplemente sigue mirando como un lerdo tu teléfono. Para ello, nos ponen un buen ejemplo. La conexión demoníaca entre el Hummus “Sabra” de pimiento rojo asado y la industria armamentística israelí. No lo compres, opta por el de Mercadona que sale bueno, te lo digo yo. El mejor detalle es que en la pantallita que sale en el artículo, podemos ver en “recent searches” el logo de Nike. Al lado del logo, un aprobado. Cojonudo. Se les ha imputado por explotación, trabajo infantil, acoso sexual e irregularidades en empresas proveedoras, pero poco importa. La atención hay que focalizarla.

Sete Ruiz, miembro de BDS en Madrid, cree que una aplicación de este tipo puede ayudar a que la campaña llegue a más gente. «Yo me la instalaré en cuanto salga, aunque solo sea por hacer una valoración», asegura. Su efectividad, considera, dependerá de la visión que tenga la gente sobre la propia campaña y el trabajo que realizan sus promotores.

Mira Sete, antes de instalarte tu aplicación en tu iPhone, échale un vistazo a esto: http://www.publico.es/418911/la-gente-se-sentiria-molesta-si-viera-de-donde-viene-su-iphone

No tiene desperdicio, los fabricantes de teléfonos trabajan en sitios que harían vomitar a una hiena. Nunca lo hubiera dicho, la verdad. ¿Violación de derechos humanos? Mejor nos quedamos boicoteando el hummus, gran paso para el bien de la humanidad. Gracias a la tecnología todos ponemos nuestro granito de arena. ¿Dónde? No lo sé, es todo bastante confuso. Hegel decía que no hay más lección de Historia que ésta: que no hay ninguna lección de Historia. La hipocresía sigue triunfando.

Un pensamiento en “Hummus de pimiento rojo asado, última vía para la autodeterminación

  1. Moriah
    11 abril, 2014 a las 14:54

    Los mismos cretinos de siempre, solo que ahora, con un smartphone entre las manos.
    “Dos generaciones menos, dos generaciones más…” diría Drexler.

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