Educar o no educar, no debería ser la cuestión


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Recientemente estuve charlando con un estudiante de último año de Derecho. El muchacho estaba preparando su trabajo de final de grado y había escogido el difícil y amplio tema de “El discurso del odio”. Dentro del gran abanico de posibilidades que el joven tenía, decidió escribir acerca del antisemitismo en España, a lo que con gran gusto me presté a ayudarle. Y ustedes se dirán:  seguro que el estudiante se habrá documentado previamente; o habrá leído algo acerca del judaísmo; o quizá tendrá datos que hablen del antisemitismo en nuestro país. Nada más lejos de la realidad. Cuál fue mi mayúscula sorpresa cuando la primera pregunta que me lanza el chaval (que había venido a entrevistarme a la sinagoga) es: “pero… usted es judío?”. Ante esto me quedo mirándolo algo confuso y le respondo “mmm… sí, claro”. Su respuesta, aún más increíble: “Vaya… pensaba que todos los judíos iban vestidos con el atuendo negro, y la kipá y los rizos…”.

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Después del shock inicial y de esta primera pregunta, el resto de sus cuestiones me siguieron sorprendiendo en mayor o menor medida, pero me siguieron sorprendiendo. Cosas tan increíbles como: “Realmente cree que fueron 6 millones los asesinados en el Holocausto? Porqué hay fuentes que dicen ahora que serían menos…”

No me podía creer que lo que tenía delante era un futuro abogado, alguien que estaba en su último año de carrera, preparando su trabajo final de grado, justo antes de entrar en el mundo laboral. Tal era su desconocimiento sobre el judaísmo que realmente me alegré de que viniera a hablar conmigo. Y no me malinterpreten, no soy ningún experto, pero creo que le pude aclarar al joven algunas ideas terriblemente preconcebidas. Prácticamente le tuve que enseñar mi cuenta bancaria para demostrarle que no todos los judíos somos ricos.

Estarán de acuerdo que la culpa no es exclusivamente del chaval, que ciertamente debió informarse antes de realizar el trabajo. Hay algo que está fallando, que nuestra sociedad no está haciendo bien. Éste es uno de muchos ejemplos con los que me he encontrado a lo largo de los años, comentarios y afirmaciones fruto, exclusivamente, del más absoluto desconocimiento e ignorancia.

En mi opinión la única forma de combatir esta situación es desde las escuelas, educando. Debemos abogar por un sistema que incluya conocimientos básicos, no solo sobre el judaísmo, sino sobre todos los otros pueblos y culturas que conforman nuestra variopinta sociedad: musulmanes, gitanos, budistas, protestantes, y un largo etcétera de otras culturas que conviven hoy en día en nuestra misma ciudad, en nuestro país y de las que la gran mayoría no tenemos ni idea. El cambio está en nuestras manos.

Un pensamiento en “Educar o no educar, no debería ser la cuestión

  1. Carme Cat
    13 junio, 2014 a las 17:07

    Certament, a partir d’una certa edad, la informacio es pot processar com coneixement. Abans pero, ha sigut necessari passar per l’aprenentatge de com transformar l’una en l’altre, perque l’acumulacio o el registre d’informacio no es, en absolut, sinonim automatic de coneixement, pot ser fins i tot, el contrari

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