Arendt en Barcelona


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La 15ª edición del Festival de Cinema Jueu de Barcelona se ha inaugurado por todo lo alto. El estreno de la película “Hannah Arendt” que contó con la presencia de su directora, Margarethe Von Trotta (y que a la vez sirvió de cierre de la Mostra de Cinema de Dones) aglutinó a tal cantidad de gente, que fueron muchos los que se tuvieron que volver a casa. “¡Entradas agotadas!” proclamaban los trabajadores de la Filmoteca sin descanso en el hall. A este paso, el año que viene tendremos inauguración en el Camp Nou.

La tentación de la reventa, vista en perspectiva, resultó ser una idea de lo más desechable. La película no tiene desperdicio. Tras una protocolaria presentación, donde la representante del Goethe Institut, ataviada con un peinado ochentero de los más provocativo, aprovechó para meter un rollo fuera de lugar, empezó la proyección. Dos horas de film que nos zambullen a las entrañas del reportaje de Hannah Arendt para el New Yorker sobre el juicio a Eichmann en Jerusalem.

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La dificultad que podía suponer llevar a la pantalla una de las voces más sólidas y respetadas de la filosofía contemporánea es superada por la directora con creces. No hay que olvidar que el pensamiento de Hannah Arendt posee un carácter político marcadísimo, dando más complejidad al asunto, si cabe. Haber centrado la película en el reportaje sobre el juicio a Eichmann, sirve para enmarcar y delimitar claramente el objeto de la película. De esa forma, se ahorra dar pinceladas sueltas sobre Arendt. Por supuesto quedan muchas facetas sin explorar del personaje (su ruptura con la izquierda, su relación con Alemania, su visión política en Estados Unidos, o su primer marido…) pero enmarcándola durante cuatro años de su vida permite profundizar lo suficiente para dibujar certeramente su complejo retrato. Ya sea en elegantes salones neoyorquinos, en las aulas de la Universidad, o en los cafés de Jersualem, se percibe a la perfección su fuerte personalidad, su carisma, su brillantez y por encima de todo, la gran incomprensión que sintió a raíz de su reportaje sobre el citado juicio. Su análisis, donde lograr explicar la figura de Eichmann en base a la banalización del mal, donde el absoluto extremo del mal no viene de un pensamiento malvado sino de la incapacidad de pensar (Eichmann visto no como un ser demoniaco, si no como un funcionario mediocre y diligente), cayó como una bomba entre los intelectuales alemanes y entre los pensadores judíos de todo el mundo. La controversia, que al día de hoy sigue vigente, es llevada a la pantalla de forma desgarradora, sensacional, a través de su ruptura con Hans Jonas y con su más querido amigo, su mentor en Israel, Kurt Blumenfeld, los cuales no pudieron ni quisieron entenderla.

Los diálogos de la película no sólo muestran el profundo conocimiento de Von Trotta sobre la vida y la obra de Arendt, si no que desvelan los entresijos del dilema al que se tuvo que enfrentar la pensadora de Hannover, dado por su  identidad colectiva frente a su propia y genuina identidad intelectual. Su imagen, estirada en el sofá, pensativa, fumando como una carretera, nos invita a involucrarnos en la temática. Nadie puede quedar indiferente. Igualmente acertada es, en mi opinión, la representación  de su relación de amor con Heidegger. Capítulo polémico que resuelve dando una panorámica general a través de algunos flashbacks y algún que otro detalle, como la foto del profesor en su escritorio.

Al finalizar el film siguió el siempre arriesgado turno de preguntas del respetable. Von Trotta, espléndida, lidió con maestría la batería de interpelaciones del público. Destaco dos por lo burro de su planteamiento. La primera referente al presente conflicto israelí-palestino, donde por suerte la directora no entendió bien el objeto de la pregunta. Gracias a eso, dio pie a que explicara que si bien Hannah Arendt había dejado un gran testimonio en lo que se refiere a pensamiento político (donde llegó incluso a ofrecer su visión sobre la creación del estado de Israel), hubiera sido demasiado ambicioso incluirlo igualmente en el film, por ello se centró en todo aquello que rodeó al proceso de Eichmann y la cobertura de Hannah Arendt. La segunda, que tenía también su mala leche, giraba en torno a la aceptación que había tenido la película en Israel. Para sorpresa del curioso, Von Trotta explicó que no solamente tuvo una buena acogida, si no que parte de la producción venía de bolsillo israelí. Creo que eso muestra bien la máxima que la directora del Festival, Daniela Rosenfeld, explicó en la presentación de la película, la capacidad de mostrar un cine y un pensamiento abierto, como marca judía.

Solamente me queda felicitar al Festival de Cinema Jueu de Barcelona por el éxito logrado en esta inauguración. Nos sentimos muy dichosos de tener la oportunidad de disfrutar de un Festival de esta calidad en nuestra ciudad.

3 pensamientos en “Arendt en Barcelona

  1. joan
    13 julio, 2013 a las 23:31

    Excelente película, que aunque por necesidades de la historia en el cine se ciñe a un episodio de la vida de Annah Arendt, queda muy claro un concepto como la “banalidad del mal”. Nuestra cultura en muchas ocasiones siempre pone el mal como algo “maléfico” y muy pensado algo que este excelente filosofa nos mostró la falsedad delplanteamiento. La verdad es que tener por enemigo a un mediocre es deprimente, todos deseamos que al menos, si tenemos un enemigo, este sea algo más que “diligente”.

  2. Daniel
    1 noviembre, 2013 a las 22:07

    Recuerdo bien ese día. Yo tomé un vuelo chusquero de EasyJet para poder llegar a tiempo, pero fui de los que se quedaron afuera. Ahora sí, lo que presencié también fue digno de recordar. La Plaça Salvador Seguí estaba a petar.
    La seguridad privada de la Filmoteca no daba abasto. Había dignatarios de las diferentes comunidades haciendo súplicas y rozando el llanto. Todo por lograr entradas de último minuto…Y, joder, Justin Bieber que seguía sin aparecer. Algunas mujeres “de costumbres frívolas” empezaron a sobrevolar la zona. Las vallas no lograban retener a la turba, a ratos enfurecida.
    Mala idea eso de apelotonar Festivales (el Judío y el de Mujeres) en un mismo recinto. Los judíos representan el 0,2% de la población mundial y las mujeres el 51% (también entre los judíos). Puestos a proponer, mucho más acorde sería alinearse con el Festival de Cine Celíaco cuyo colectivo representa el 1% de la sociedad.

  3. Carme Catala
    9 junio, 2014 a las 19:06

    La banalitzacio o la incapacitat de poder desenvolupar-se normalment
    La banalitzacio, una regressio o una fixacio traumatiques, la banalitat com a simptoma
    El fanatisme, una altra forma de banalitzacio. En ambdos casos l’individu no pensa per si mateix, no ha pogut elaborar el seu propi pensament d’una manera adulta o complerta. El geni, aquell que ho ha pogut fer, el que ha anat mes lluny. El fanatic, aquell que no ho ha fet gens o molt poc. El banal es tambe, sempre, emocionalment inmadur.

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