Voces caídas del cielo: Exilio judío en la Barcelona contemporánea (1913-1954).


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Tenemos el honor de compartir con vosotros las primeras páginas del libro que inaugura nuestro sello editorial. Se trata de “Voces caídas del cielo: Exilio judío en la Barcelona contemporánea (1913-1954).”, del historiador e investigador Manu Valentín. Esperamos os estimule a seguir leyendo. Pasen y lean.


Isak Aufseher en Spalenberg 34, Basilea, 1953.

INTRODUCCIÓN

Han pasado varios años desde la primera vez que vi en la sede de la Comunidad Israelita de Barcelona el documento que acreditaba la fundación de la entidad. Le habían reservado un sitio de honor en la vitrina del hall de entrada de la institución, pero parecía pasar inadvertida ante las miradas curiosas de los visitantes. En dicho documento, fechado el 31 de diciembre de 1918, aparecían 17 nombres, los primeros socios y fundadores: Joseph Barchilon, Jacques Bensussan, Elie Beressi, José M. Covo, León Esquenazi, León Haim, E.S. Harari, Sigmund Kirschen, Marc Matalón, Haim Matarasso, Edmundo Metzger, José Metzger, Teófilo Moully, Moisés Padova, Samson Sobol, Maurice Salmona y Ino Jahiel. A los que habría que añadir el secretario, Enrique Talarewitz y el encargado del culto, el polaco Alberto Alazraki. Este libro es resultado, en buena medida, del intento de aclarar la fundación y posterior evolución de dicha comunidad en el contexto histórico español a lo largo de 40 años, desde el 1914 hasta la inauguración de la sede definitiva en el año 1954.

El estudio no sólo abordará la historia de los primeros cuarenta años de la C.I.B, sino que también fijará su atención en aquellos judíos que aún residiendo en la ciudad, o bien formaron parte de otra entidad hebraica, como es el caso de Agudat Ahim, o mantuvieron su condición judía optando por una vida al margen de la Comunidad o, por último, abandonaron por motivos diversos la fe judía optando por el bautismo.

La investigación se centrará en el recorrido de los refugiados judíos que fueron llegando a la ciudad condal a partir de 1914. Antes de esta fecha la presencia judía en Barcelona podemos considerarla testimonial. En 1877, por ejemplo, residían en Barcelona 21 judíos y 406 en el resto del Estado. Sin embargo, esta cifra irá aumentando a lo largo de los años, apoyándose en las continuas oleadas migratorias judías, tanto de asquenazís como de sefardíes, que recorrieron el continente europeo de Este a Oeste. A comienzos del siglo XX ya encontramos rastros de judíos sefardíes procedentes de diversas partes del Imperio Otomano (Grecia, Turquia, Bulgaria, etc.) que eligen Barcelona como lugar de destino, estableciéndose en los alrededores del recién inaugurado Mercado de Sant Antoni. Estos judíos otomanos convivirán con otros hebreos de procedencia asquenazí que ya desde 1900 residían en la ciudad, entre ellos, por ejemplo, varios de los futuros presidentes de la Comunidad Israelita de Barcelona en diversos períodos, el suizo Edmundo Mezger y el alemán Edmundo Grünebaum.

En el intervalo analizado, 1914-1954, tuvieron lugar diversas oleadas migratorias judías hacia territorio español: la primera tendrá lugar a lo largo de 1913, y es fruto de los efectos causados por la Primera Guerra Balcánica en el devenir de las comunidades judías arrebatadas al Imperio (Salónica, Serres, Kochani, etc.); la segunda, concentrada entre mediados de 1914 y finales de la Primera Guerra Mundial, estaba conformada por judíos otomanos residentes en Francia e Italia; la tercera la protagonizan judíos rusos y ucranianos que huyen de los efectos de la Revolución Rusa; la cuarta, de sentido inverso, tuvo lugar entre 1919 y 1923, cuando parte de los recién llegados, empujados por la crisis económica que sufría Cataluña, abandonan Barcelona de vuelta a su residencia previa al conflicto o bien ponen rumbo hacia América Latina (Argentina, México, Venezuela, etc.); la quinta, contemporánea y contraria a la segunda, será fruto de los cambios territoriales que tendrán lugar en los Balcanes tras la Primera Guerra Mundial; la sexta tendrá lugar a cuentagotas a lo largo de los años 20, judíos polacos empujados por la miseria, búlgaros en busca de nueva oportunidades, griegos que respondían al “efecto llamada” y algunos pocos marroquíes que huían de la creciente judeofobia; la séptima será una gran oleada, quizás la más numerosa, que tendrá lugar entre el advenimiento del nazismo en Alemania, en enero de 1933, y el comienzo de la Guerra Civil Española; la octava coincidirá con la Segunda Guerra Mundial, entre 1939 y 1945, y hace referencia a la huida escalonada de judíos que abandonan la Europa ocupada y ponen rumbo a España en busca de refugio; la novena tiene lugar durante la Segunda Guerra Mundial, será de sentido inverso, y representa uno de los grandes dramas de la colonia judía de Barcelona, hace referencia a aquellos judíos que viéndose presionados por el franquismo se vieron obligados a abandonar la ciudad, muchos de ellos arraigados profundamente en la sociedad catalana, borrando de un plomazo la particular vida judía del barrio de Sant Antoni y Poble Sec.

El presente estudio pretende llenar el hueco dejado por la historiografía española tejiendo el hilo de una memoria colectiva de una comunidad de exiliados judíos que lucharon por establecerse en la ciudad. Basándose en una vasta documentación, mucha de ella inédita (correspondiente a archivos no consultados hasta la fecha), extensa y variadas fuentes historiográficas que han tratado las crisis de los refugiados judíos en diversas etapas, entrevistas con los refugiados y sus descendientes, prensa histórica y amplia bibliografía, el estudio emplea el enfoque microhistórico con la intención de rescatar la memoria de los refugiados, elevando las experiencias personales al grado de acontecimientos históricos.

Este viaje lo emprenderemos de la mano de varios de los protagonistas de esta historia que merece ser contada: Edmundo Metzger, inmigrante suizo asentado en Barcelona desde principios de siglo XX, proclamado primer presidente de la CIB; Samson Sobol, traductor y librero ruso, natural de Magilov; la familia Salpati, inmigrantes turcos procedentes del sur de Francia; Enrique Talarewitz, inmigrante turco, primer secretario, otro de los fundadores; Manuel Mendelsohn, inmigrante polaco; familia Steinlauf, immigrantes originarios de Chelmiec, Polonia; Sazja Kindermann, alias Alfredo Scheyer, espía soviético; Caroline Bunjes, judía holandesa, fotógrafa durante la Guerra Civil; Edmundo Grünebaum, presidente de la CIB durante la Guerra Civil, represaliado; Ronya Abraham, refugiada judía de Letonia; Dora Poch, joven refugiada polaca; Samuel Maytek, industrial polaco, directivo de la CIB a finales de los años 40, etc. El lector vivirá en carne propia los inicios de la primera comunidad judía establecida en España tras la expulsión de 1492 teniendo como escenario la convulsa Barcelona de la primera mitad del siglo XX.

La investigación se centra, por un lado, en el análisis de la postura de los gobiernos españoles – en distintas etapas – hacia los refugiados judíos de diversas nacionalidades (turcos, alemanes, polacos, búlgaros, etc.) que fueron llegando a territorio español a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Uno de los objetos del estudio es desterrar la idea de la benevolencia española – en diferentes gobiernos, en especial durante época franquista – hacia los inmigrantes judíos, idea que aún prevalece, incluso en amplios sectores de la comunidad judía española. Ésta sea, probablemente, una de las principales aberraciones históricas que aún perviven en la memoria colectiva de los judíos españoles. Nos atañe a nosotros, como historiadores, el dignificar la vida de aquellos refugiados judíos – algunos de ellos españoles – que fueron maltratados por las instituciones.

Es también mi obligación promover el debate historiográfico en relación a temas poco abordados en la historia del país, como son la persecución encubierta de judíos en Época Contemporánea, tildados por los respectivos gobiernos como “elementos indeseables”, así como la necesidad de abordar el tema del antisemitismo y de cuestionar la idea de que España apoyó y facilitó la integración de los refugiados judíos en suelo español. El hecho de que unos diplomáticos, a título personal y contradiciendo las órdenes del gobierno, ofrecieran ayuda a un grupo de refugiados, no convierte al gobierno en un régimen caritativo y humanitario.

Es importante apuntar que la política española hacia los refugiados judíos no siguió una línea recta y constante, estuvo llena de vueltas, giros, nudos, interrupciones, dilaciones, esperas y silencios. Tampoco se delineó de antemano -exceptuando los primeros años del franquismo-, sino que se fue improvisando de acuerdo con los contextos que se presentaron en cada momento, tanto en relación con la política interior como con la exterior, y en función de la reacción de la opinión pública.

En todos estos años de trabajo tenaz he pensado en más de una ocasión en tirar la toalla, las negativas del archivo del Ministerio de Interior a mis demandas reiteradas de documentación, el silencio persistente de las familias, la falta de tiempo y las constantes dudas que se cernían sobre mis hipótesis, han deteriorado mi temperamento, puede incluso que hayan podido agriar mi conducta, pero nunca, ni por un momento, han apagado mi determinación. Por muy diminuto y desdibujado que estuviera el camino, nadie, ni siquiera yo mismo, ha podido evitar que me inclinara hacia el pasado con esta seguridad ajena, como prestada, que me acompaña.

Cien años después de que la familia Esquenazi desembarcase en Barcelona y desapareciera sin dejar rastro, intento localizar a sus descendientes. En el camino descubro una nueva manera de entender la tragedia, el perdón y el poder de la bondad. Descubro también mi fascinación por las historias de gente que ante mi asombro parecen condenados a desaparecer. De inmediato reconozco en esa tragedia el gen motivador de mis pesquisas. Decido, como ya lo hice anteriormente, buscar a los descendientes de aquellos hombres y mujeres olvidados por el relato de la Historia. Y los encuentro. Su sincero agradecimiento me muestra que el esfuerzo había valido la pena. Aprendo con ellos a confrontar el pasado y dar sentido al presente. Pero ¿qué certezas tenía antes de abordar este trabajo? ¿Y ahora, qué me queda?

(…)


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