Ante la pintada antisemita de la Gran Sinagoga de Barcelona


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Las ruinas de Barcelona

Puede parecer extraño, pero en ocasiones quienes cruzaron el océano escapando de la persecución y de la muerte han encontrado como medio posible de seguir adelante el dejar el  pasado en ese otro sitio al que ya no se puede regresar. Como un susurro dicho al oído, en algún momento más avanzado de la vida, el poder develar la verdadera identidad: aquella que fue arrancada por los hechos de la historia. Para los nietos de este tipo de inmigrantes, el pasado fue mencionado en algún momento pero nuestras identidades de países jóvenes, de tierras de lucha y esperanza, muchas veces han dejado ese origen como una suerte de anécdota enterrada, del pasado. Las nuevas identidades de las tierras jóvenes han logrado unirnos borrando esas diferencias pero también, algunas veces, parte de nuestra historia no del todo contada. También porque, no en pocas ocasiones, incluso contar implica un proceso difícil de reconstrucción de piezas rotas.

Al estar en Europa unos años -tierra en la que el tema de las identidades, las diferenciaciones con el otro y el peso de las guerras parecen estar más presente y a flor de piel- esas preguntas, que en algún momento comenzaron del otro lado del océano, emergen en un momento dado con más fuerza. Nunca falta la ocasión aquí de quien pregunta con mucha curiosidad “¿de dónde es tu segundo apellido?”, cuando antes no teníamos un segundo apellido.

Desde hace un año que mi prima viene planeando su visita a Barcelona -incluso en la época de las low cost, los viajes desde América del Sur a Europa suelen ser así: hay que pensarlo bastante y lamentablemente siguen sin ser para todas.

Mi prima llega a Barcelona: la emoción por su llegada al fin y los nervios de sentirme una suerte de anfitriona responsable por que pase un buen momento y colecte memorias agradables, al mismo tiempo.

Una de las primeras cosas que hacemos juntas es dar un paseo nocturno por el Call de Barcelona, que durante la Edad Media era el área en la que residían los judíos. Según se puede encontrar en diferentes fuentes, la población judía de Barcelona representaba en el siglo XIV alrededor del 10% de la población. Cuando llega la peste, los judíos –que por sus hábitos higiénicos diferentes y su ubicación de residencia tuvieron un ratio de supervivencia superior- fueron acusados por el resto de contaminar el agua. Pensamientos que, un tanto mutados, pueden encontrarse todavía en el habla de algún barcelonés escolarizado. Este tipo de pensamientos fueron de los que provocaron procesos tales como los que se iniciaron en el siglo XII y que, con origen en Sevilla, desembocaron en el ataque de 1391: el progromo del 5 de agosto de 1391 en el que son asesinados alrededor de 400 los judíos de Barcelona y en el que todos sus bienes pasaron a ser propiedad del rey. Mucho antes de la expulsión definitiva por parte de los reyes católicos en 1492.

En este mismo barrio del progromo de 1391, recuerdo mis últimas dos visitas previas a la Gran Sinagoga:

1. Llevo a mis tíos que ingresan en el edificio y atienden a la explicación de la guía durante unos minutos sobre la historia del lugar y de los judíos antes de la expulsión. Al finalizar la exposición, mi tía escribe algo en el libro de visitas. Cuando salimos le pregunto que ha escrito y dice: que es de las historias más lindas que escuché. Viene hacia mí la imagen de la obra del artista que ha donado su obra a la Gran Sinagoga, en la que une pedazos de vidrio rotos para recomponer la imagen de una estrella, uniendo en colores la representación de las tribus separadas.

2.Un chico catalán que conocí en un avión, me explica la historia del Call de Barcelona. Al momento de llegar a la Gran Sinagoga, se refiere a la misma, por error, como Iglesia.

Durante nuestro paseo nocturno por las calles del Call, anuncio a mi prima que se encontrará con la Gran Sinagoga pero esta vez me quedo sin palabras, inmóvil, al encontrarme con un escrache antisemita:

Foto tomada con el móvil frente a la entrada de la Gran Sinagoga de Barcelona en la noche del 7 de febrero.

Foto tomada con el móvil frente a la entrada de la Gran Sinagoga de Barcelona en la noche del 7 de febrero.

Sin palabras, nos vamos  en silencio a tomar un té y unos dulces árabes a un bar cerca de allí. Sentadas en la mesa, esperando el té, mi prima sostiene su mirada hacia mí con expresión apenada mientras yo comparto las fotos con todos los contactos que pienso que pueden decirme algo que haga sentirme un poco mejor. Envío las fotos a un amigo que conocí hace poco y que por suerte parece no tener miedo a decir las cosas de frente. También se las envío al chico catalán que conocí en el avión.

Vilna 2016

En aquel avión, después de que el chico catalán me diga todo el discurso que mayormente se escucha en Barcelona sobre Israel, intento contarle como puedo, los motivos de mi visita a Vilna.

¿El objetivo de viajar a Vilna en 2016? Buscar algún familiar vivo. Cuando estoy en Vilna me entero que sólo el 4% de la población judía ha sobrevivido. Este dato de pronto transforma mi semana en Vilna en una lucha solitaria y dolorosa por encontrar algún tipo de información sobre lo ocurrido.

Esa semana, mientras busco en Internet lugares a los cuales ir, encuentro que proyectarán una película acerca de la ayuda que Filipinas dio a los refugiados judíos. Al terminar la cinta, una mujer que está entre el público se ofrece a enseñarme la ciudad. Camino junto a Lisa por las calles de Vilna. Voy a conocer esta ciudad desconocida, desaparecida, desde los ojos de una mujer judía que ha vivido toda su vida allí y que conoce su verdadera historia. Me lleva por calles con nombres en lituano y me muestra sitios que en apariencia son iguales a los demás. Casas viejas, esquinas. Todo es igual a lo demás. Es difícil encontrar rastros del pasado que busco. Caminamos por una de las calles principales de la ciudad y de pronto dice: había un grupo de músicos, escritores, poetas, un grupo cultural muy importante. Menciona nombres y apellidos que desconozco. Lisa pronuncia sonidos que remiten a la identidad de artistas que habitaron pisaron sobre estos adoquines en otro tiempo y mientras lo hace su mirada se alza, busca un poco más allá de ésa calle, de nuestra caminata, de nuestra presencia. Avanza con la mirada perdida como si acabara de salir de un campo de torturas, testigo del horror, nombres de artistas judíos de Vilna. Ya no hay, no ha quedado nada de todo aquello, aclara.

Young Vilna, grupo de escritores.

Young Vilna, grupo de escritores.

Barcelona 2018

Aunque la historia se remonte a más atrás en el tiempo, no son pocas las veces que los visitantes judíos en España se ven obligados a convertirse en visitantes-investigadores, visitantes-adivinadores, visitantes-arqueólogos o visitantes-detectives. ¿Qué tanto se ha avanzado en la reconstrucción de la historia de la comunidad judía en Barcelona? ¿Y en España? Mientras camino con el chico catalán siento que no está clara todavía la identificación de los sitios del Call. Como si se hubiesen robado hasta las ruinas o las hubiesen destruido en su indiferencia, buscando lo romano, olvidando lo que les han hecho, creando en su imaginación la figura del judío como un ser mitológico que se ha extinguido. Y si no lo ha hecho del todo, pues se encarna en la política del actual gobierno de Israel. Lo judío como la contaminación del agua, de la tierra. “Fuera de nuestra tierra”.

Y si a pesar de todo esto caminas por el Born como visitante-detective, puedes encontrar en la Plaza del Rey, algunas inscripciones hebreas procedentes muy probablemente del que era en Montjuïc (que significa “montaña de los judíos”) el cementerio hebreo. Las ruinas profanadas.

Para concluir esta unión de fragmentos, afirmar que un visitante judío interesado en la historia, el pasado o en algún intento de reconstrucción de lo ocurrido, todavía en la Europa de 2018, puede llegar ser una experiencia bastante dolorosa.

¿Qué lleva en este contexto a realizar una pintada antisemita escrita en catalán a la única sinagoga del que fue el Call de Barcelona? ¿Qué tipo de asociaciones y representaciones de lo judío están operando en el siglo XXI para una vez más pedir la expulsión de esta identidad cuya presencia en la ciudad es, además, ínfima y casi invisible?

Durante muchas semanas me he visto incapaz de escribir sobre temas como este. Me he encontrado envuelta en la imposibilidad de decir. Pero la acumulación de hechos en tan poco tiempo, algunas frecuentes coincidencias, y las personas valientes que no se callan en decir lo que piensan por “precaución” o miedo,  al final me han animado a intentarlo. Quizás no con la delicadeza y la poética que habría aspirado. En cualquier caso, el poder decir mediante la palabra escrita es también un intento de dar un pequeño paso hacia adelante cuando ya no se tiene claro adónde ir.

Un pensamiento en “Ante la pintada antisemita de la Gran Sinagoga de Barcelona

  1. 8 marzo, 2018 a las 16:25

    Gracias por la reseña. El problema con estos debates es que uno sabe donde empiezan pero no donde terminan. Y es que la nómina de autores con pasados, comportamientos o declaraciones “dudosos” (según la óptica actual) es muuuuuy extensa: ¿Qué hacemos con Neruda y sus odas al padrecito Stalin (sí, sí, ese que mató de hambre a 4 millones de ucranianos, mandó meter un tiro en la nuca a varios millones más de compatriotas y a otros tantos a cavar hoyos en Siberia)? Por no hablar de Alberti y sus odas similares, ¿Qué hacemos con Gil de Biedma y sus apetencias y prácticas sexuales (que aparecen tal cual en sus diarios)? ¿nos vamos unos siglos atrás hasta Rousseau, que mientras glosaba las bondades del buen salvaje dejaba embarazadas a criadas aquí y allá y mandaba a sus vástagos “ilegítimos” a la inclusa ¿Qué hacemos con Celine, autor de una obra maestra como Viaje al Fin de la Noche y antisemita y filonazi acérrimo? ¿Y con Heidegger? ¿Y con Sartre? ¿y con…….?

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