Peregrinación a la sinagoga La GHRIBA (Parte II: Túnez)


Por

Para realizar la peregrinación de la sinagoga de La Ghriba en la Isla de Djerba no es baladí llegar allí previamente recorrida parte de Túnez. Djerba está al sudeste del país, muy cerca de Trípoli (Libia). Es una pequeña isla de clima norte africano semiárido fácil de recorrer (25 km de largo por 20 km de ancho, con 150 km de costas), unida al continente por un largo puente romano del siglo III a.c; se dice que sus aguas se pueden atravesar a pie por la poca profundidad en esa zona. Muy bien equipada turísticamente, de pescados excelentes y con un pasado legendario que se remonta al naufragio de Ulísses narrado por el propio Homero, la isla es un remanso de paz para quien la busca. El resto de Túnez es mucho más variado geográfica, climatológica y arquitectónicamente.

De ensueño son poblaciones como Cartago y sus más que impresionantes ruinas (sólo pueden ser vividas, cualquier explicación se quedaría corta); Sidi Bou Said, el mundo perfecto frente al mar; Kelibia, la paz y la belleza fuera de la ruta turística; Hammamet, la inexpugnable fortaleza de la costa y lugar de moda para las vacaciones. Pero hay mucho más, cosas y partes de la historia, como el yacimiento romano de Oudhna (Uthina), que son las claves para entender parte de nuestra identidad mediterránea.

Ruinas romanas OUDHNA

La capital es bien conocida por mucha gente, una mezcla de la tradicional Medina con la parte europea de la ciudad, en la que aún es patente el aire cosmopolita y la elegancia que le trajo el art noveau francés en su arquitectura; pero también en su gente. No esperes encontrar algo parecido a otras ciudades del norte de África, porque Túnez es muy europea, muy mediterránea, es más, es muy francesa. Aunque el país ha sufrido injustificadamente estos últimos años, sigue siendo un lugar que ofrece mucho. Sorprende la buena convivencia de las tres culturas: musulmana, cristiana y judía, pero sorprende no por encontrarla ahora, sino porque es un hecho arraigado en la cultura y en la historia que se respira en sus calles y edificios. Sólo hay que fijarse en los elementos decorativos, simbologías de uso común por todas las religiones, como la mano de Fátima o hamsa, o los trabajos artesanales de los portalones de las casas, en la que incorporan tanto la estrella de David, como la media luna y la cruz cristiana, ¿casualidad? Ninguna.

Actualmente ya no se utiliza el término sefardí para llamar a todos aquellos judíos que no practicaban el rito asquenazí, porque esa generalización era un gran error. Hoy en día para llamar a los judíos de origen árabe, de Persia, Armenia, Georgia, Yemen e incluso India se utiliza el término mizrahim (oriental). En Túnez, donde los judíos han vivido por lo menos durante 2300 años, se mezclan los de origen sefardí con los mizrahim, y también los de Italia, tan próxima al país, pero a simple vista es difícil apreciar la diferencia, sólo si indagas en las tradiciones familiares y en sus ritos podrás entreverlas si eres un gran experto. Después de la expulsión de 1492 de los Reyes Católico, muchos judíos de la península se ven obligados a emigrar al Imperio Otomano, que en aquella época incluía lo que hoy es Túnez. Para parte de la diáspora sefardí estas tierras fueron muy atractivas por la proximidad a la Corona Catalana (Sicilia) que permitía mantener los vínculos comerciales y familiares; y por la tolerancia a la libertad de culto y religiosa, que llegaba a consentir la aplicación de legislación y normas propias para los asuntos internos de la comunidad judía, siempre que se reconociese la supremacía del Sultán Beyazid II (1481-1512), y se pagasen sus altos impuestos.

Pero Túnez también ha sido lugar de partida de judíos a otros territorios. Esta migración se inicia a principios del siglo XX. Durante la Segunda Guerra Mundial fue el único país de Oriente Medio bajo control de los nazis y con acciones antisemitas como campos de concentración, deportaciones y persecución. Después, la independencia del dominio francés en 1956, también provocará una fuerte emigración, al igual que en 1967. Algunos de estos judíos irán hacia España, donde formarán parte de la renovación de la comunidad judía. Túnez sigue siendo una tierra de ida y vuelta muy vinculada a nosotros. Como dije al inicio de este relato en la primera parte de la peregrinación a la sinagoga La Ghriba, no hay nada más reconfortante que un viaje lleno de buenas experiencias, a una tierra maravillosa, colmada de tradiciones y leyendas, con un legado histórico único, exótico y a la vez cercano. Túnez nos sorprendió porque hay mucho que descubrir sobre la cultura judía; no es que sea un misterio, simplemente a veces es ignorancia, porque hoy, con el bombardeo y acceso a la información tan grande a veces es imposible abarcar o estudiar tantos temas, en algunos casos muy distorsionados por los medios; hoy las autoridades de Túnez nos invitan a que profundicemos más sobre esta cultura y legado facilitándonos muchas vías de conocimiento ( www.turismodetunez.com); la peregrinación de la sinagoga de La Ghriba en la Isla de Djerba, es sólo un aperitivo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *