Peregrinación a la sinagoga La GHRIBA (Parte I: Djerba)


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No hay nada más reconfortante que un viaje lleno de buenas experiencias, pero si además el viaje es a una tierra maravillosa, colmada de tradiciones y leyendas, con un legado histórico único, exótico y a la vez cercano, donde el sol, la buena comida y la hospitalidad de la gente es parte de su sello de identidad, entonces es un viaje del que no quieres volver. Así es Túnez, una tierra dónde regresarías cada primavera, donde te comprarías una casa con un florido y aromático jardín hacia el mar, te dejarías cuidar por el amor de su gente, un país por re-descubrir y sorprenderse.

Y así fue la experiencia de Mozaika en su peregrinación a la sinagoga La Ghriba, durante la fiesta judía de Lag Baomer, a las afueras de la población Hara Seghira (Er-Riadh), en la isla de Djerba. Un viaje que nos permitió conocer las maravillas de la ahora inolvidable Túnez.

Isla Djerba – Túnez

La sinagoga, que se encuentra fuera del casco urbano de la población, es objeto de peregrinación de miles de judíos y no judíos, porque esa gran fiesta es compartida y celebrada por todos los vecinos de la población, la mayoría de ellos musulmanes. Es más que una gran fiesta, dura dos largas jornadas de la mañana a la madrugada, en la que se baila, canta, y donde se reencuentran familias separadas por la emigración, se hacen nuevas alianzas, mercadea y se come. ¿Turistas? Sí, pero nadie se siente turista allí; sin esfuerzo alguno, pasas a ser parte de esa gran familia. La sinagoga de un estilo muy sefardí, aunque fue totalmente reformada a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, supuestamente data del año 586 a.c. y cuenta la leyenda que sus cimientos fueron hechos con piedras del Templo de Jerusalén, con la llegada y asentamiento de los primeros judíos a Túnez. Aún encuentras familias que dicen ser descendientes directos de aquellos valientes que huyendo del asedio de Nabucodonosor II se dispersaron por todo el Mediterráneo hasta llegar a nuestras costas en la actual España.

La sinagoga es sin duda mágica, no sólo por su arquitectura de reminiscencias mudéjares, por los perfumes de flor e incienso y sus luces orientales, sino por la vida que alberga durante esos días. La sinagoga La Ghriba no es un centro de culto, es un espacio de encuentro, de estudio y reflexión, un mercado, un lugar de fiesta donde observar y ser visto, una sinagoga vibrante y quizás única en el mundo. La Ghriba durante las fiestas de Lag Baomer es y parece ser exactamente lo que debían ser todas las sinagogas del Mediterráneo siglos atrás. Algunos ven en aquel día algo de frivolidad, porque las chicas casaderas lucen sus largas melenas sueltas, y sus mejores atuendos de mezcla explosiva, entre lo árabe y lo gitano, las modas occidentales y los complementos de tradición oriental, con tacones y maquillajes imposible, pero tímidas y púdicas, aunque a simple vista, hoy día más cercanas a Lady Gaga que a cualquier otro referente iconográfico. Tampoco es del agrado de algunos el griterío que se concentra al atardecer, y las comidas que se hacen en el interior, que hacen casi imposible el rezo; aunque para muchos, es su elemento de mayor autenticidad. Aquí no están separados hombres y mujeres, encuentras a personajes populares de Túnez, algún político, y todos ellos se mezclan con los peregrinos y visitantes para compartir un momento de exaltación y gloria; ¿de quién? No está muy claro el origen de la celebración, y no lo vamos a aclarar, sino invitaros a que lo viváis allí en directo.

La peregrinación incluye la visita a la sinagoga, la caridad, las oraciones y la participación en una de las dos procesiones. Las tardes se inician con una subasta para poder colocar objetos sobre una gran pirámide octagonal adornada con pequeñas menorah: pañuelos, bordados de mil colores con dedicatorias o insignias, cintas, ramas de brotes jóvenes de árbol, claveles, romero fresco y flores de azahar. Esta gran pirámide de dorados artificiales, cubierta por completo, que recuerda a las vírgenes de los pasos de semana santa española, saldrá más tarde del patio de la residencia de los peregrinos, jaleada por la gente, acompañada de música y palmas, para recorrer las calles de Hara Seghira, y regresar y depositarse en la Sinagoga, próxima al hejal y la ner tamid. Lo hace dos veces, una vez cada día. El maestro de ceremonias, como un buen subastador, anima a todos los asistentes y no deja que el ritmo frenético de la fiesta decaiga; invita a la gente a subir al escenario improvisado, a bailar o a que alguna persona dedique algo al público, eso sí, sin perder el control y protagonismo del micrófono. En la subasta final, se puja por tener el privilegio de llevar o dirigir la procesión. Dicen que esta pirámide (que recuerda a una urna funeraria y que tradicionalmente era llevada en brazos por la gente y que hoy es conducida con ayuda de un carro), con símbolos que representan las doce tribus de Israel, los nombres de rabinos venerados en Túnez, los nombres de los tres Patriarcas y cuatro “matriarcas” y una bendición en honor de Meïr Baal Haness y Simeón bar Yochai, es un canto a la unión entre el pueblo judío y la divinidad, que clama por la liberación del exilio. A veces es mejor mantener cierto misterio sobre el origen de las tradiciones o lo que significan, pero la verdad es que uno de los elementos más característicos de La Ghriba es su origen y lo que se venera dentro, en lo que se conoce como “la cueva de la niña”. En esa pequeña “cueva” horadada en una de las paredes de la parte más antigua de la sinagoga, esos días la gente deposita huevos duros con inscripciones manuscritas pidiendo deseos o recordando a los difuntos, y otras mujeres escriben el nombre de alguna soltera para encontrarle marido, ¿porqué? Según la tradición oral, ese espacio de la sinagoga es según la tradición el lugar preciso donde vivió una persona santa a quien los judíos de Hara Seghira ayudaron contribuyendo a su meditación y soledad con la construcción de lo que sería más tarde el actual edificio. Cuenta la historia que en esos terrenos habitaba una chica muy hermosa que vivía sola en una cabaña hecha de ramas. La chica estaba rodeada de un aura de santidad, y por eso nadie se atrevería a visitarla, molestarla o preguntarle el motivo de su presencia. Una noche, se vio la cabaña arder desde el pueblo, pero nadie se acercó a socorrerla por el miedo a que la chica estuviese haciendo una hoguera o actos de magia. A la mañana siguiente, por curiosidad se acercaron al lugar y encontraron la cabaña en cenizas, y entre ellas, intacta y aún viva a la chica. El pueblo, entendiendo que eso era únicamente posible por su santidad, le construyeron una casa que pasaría ser lo que hoy es La Ghriba.

Patio de los Peregrinos – Sinagoga La Ghriba

Sea o no cierta esta historia, en La Ghriba podrás hospedarte, comer y aproximarte a la santidad si eres capaz de ello. La peregrinación a la sinagoga de La Ghriba debe hacerse alguna vez en tu vida por todo el mar de sensaciones que te brinda, entre folclore, devoción y religiosidad, tan distinta y particular en el mundo hebreo. Es una visita que te abre a muy variadas reflexiones, pero sin lugar a duda, es un viaje en el tiempo a un mundo sefardí que parece que está perdiendo identidad en tanta estandarización de ritos y tradiciones judías. Un legado que quizás también es deber nuestro conservar y difundir.

Más info www.turismodetunez.com

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