Los comienzos de la Comunidad Israelita de Barcelona, parte VII.


Por

Aunque parezca increíble, más de cuatrocientos años después del edicto de expulsión de los judíos, y antes de que se formalizara la refundación de la primera comunidad tras 1492, el gobierno conservador del conde Romanones fletaba un barco para expulsar a más de 40 judíos turcos residentes en Barcelona.

Como vimos en el capítulo V, la mañana del 21 de marzo de 1919, el buque Manuel Calvo, de la Compañía Transatlántica, zarpa del puerto de Barcelona con destino a Odessa. A bordo viajan 200 “extranjeros indeseables”, así es como los presentan ante la prensa, cuyo único delito era, al menos aparentemente, no disponer de medios suficientes para sobrevivir. En su recorrido, antes de llegar a la ciudad ucraniana, tenía estipulada una parada en Istambul y otra, más adelante, en el puerto búlgaro de Cavalla. Sin embargo, el Manuel Calvo nunca llegará a su destino, a una semana de haber zarpado, frente a los costas turcas, choca contra una mina submarina de la Armada Otomana, en el incidente mueren 105 personas, entre las cuales 71 eran deportados.

Entre los instigadores de la expulsión se encuentra el cónsul de Turquía en Barcelona, el señor Federico Rüggeberg, que desoyendo las súplicas de auxilio de sus compatriotas, había decidido recortar las ayudas que como ciudadanos del Imperio estaban obligados a recibir.

El 15 de enero de 1919 el doctor Abraham Yahuda, tras entrevistarse con un alto cargo del Ministerio de Asuntos Exteriores, el señor Pérez Caballero, escribe una carta confidencial al embajador británico en Madrid, el señor Arthur Hardinge. Dice así:

“As a matter of fact I obtained after my interview with Sr. Pérez Caballero through different sources information confirming in an alarmning manner my impression. I learned that there are two men who have the greatest interest in all the Russian and Ottoman Jews being driven out of Barcelona. The one is the Russian Consul, Prince Gagarin, a through and through partisan of the Tzar regimen, and an arch reactionary, known everywhere by his rabid anti-semitism (…) The other is the Turkish Consul, Herr Rüggeberg, the well known head of German espionage and the chief director of the criminal action of the submarines. This person, annoyed by the Ottoman Jews who want the subsidies, which he distributed to them to behalf of Turkey, to be continued, denunced all these unhappy people to the police as being paupers who will become unbearable charge to Spanish charity (…) I am greatly worried by a reply I received from a high functionary of the Spanish Home Office when I made all efforts to bring home to him the effect of a general expulsion, especially of Jews and particulary by Spain, which is still witnering under the memory of the cruel act of 1492, would be sure to produce on the whole world”

La mano derecha de Federico Rüggeberg en la enmarañada red de espionaje de Barcelona era un tal Barón de Rolland, cuya apariencia física distaba mucho de lo presumible en un aristócrata alemán. En realidad, tras aquel nombre de reminiscencias prusianas, se escondía un judío otomano cuyo verdadero nombre era Isaac Ezratty.

Dorso de la imagen: “Baron de Rolland, Liste de Suspects, N. 4159”

El Barón von Ivo Rolland, tal como se presentaba en las reuniones de la alta sociedad barcelonesa, había nacido en Salónica el 15 de abril de 1893. Su padre Eliaou Ezratty, como nos relata el expediente de su hijo, era un comerciante de éxito. Los Ezratty se habían ganado a pulso el respeto y admiración de la comunidad, llegando a ocupar puestos destacados en la dirección de la misma. Dinámicos y cosmopolitas, inscriben a sus hijos en las mejores escuelas internacionales de Salónica. En 1908, con dieciséis años, Isaac Ezratty abandona la escuela franco-alemana y comienza a trabajar para Samuel Yeni, un comerciante amigo de la familia. Poco después se establecerá por libre, trabajando sobre todo para firmas alemanas, como la Schultz & Co. de Colonia. En 1911 abandona su ciudad natal para poner rumbo a Alemania, donde se establecerá. Dos años más tarde, tras poner fin a su aventura germánica, llega a una Salónica ocupada por Grecia. Tras mantenerse fiel a la nacionalidad turca, las autoridades griegas, amos y señores de la ciudad, le ofrecen ocho días de margen para abandonar Salónica. A finales de 1913 lo vemos de nuevo instalado en Alemania. Meses después, tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, decide presentarse voluntario ante las autoridades turcas.

Treinta años después, concretamente el 15 de abril de 1947, Isaac Ezrraty sería interrogado por el vicecónsul americano W. Wendell Blancke, en Ludwigsburg, Alemania. En el interrogatorio Isaac relatará su llegada a Barcelona:

“With spanish passport I went in 1915 from Greece to Spain, where I spent the rest of the war. I was attached to the Consulate General of Turkey in Barcelona, and was also associated with the German Consulate for matters pertaining to Turkish and Bulgarian refugees. I became connected with the German Intelligence Services in Spain, and was superficially acquainted with Wilhem Canaris, who eventually became head of the German Intelligence Service with the rank of Admiral.”

Así, en un momento indeterminado de 1915, Isaac Ezratty se traslada a Barcelona bajo el nombre de Baron von Ino Rolland. Había sido enviado por el gabinete de propaganda del Kaiser – al mando del cual está un viejo conocido, el aristócrata Claus von Schenk – para abrir una oficina de espionaje y contra-propaganda. Fija su residencia en el número 29 de la Ronda San Pedro. El presunto barón era un tipo bajo y corpulento, medía entre 1,63-1,65 m, pulcro, elegante y aficionado a las joyas de gran valor. Habitual de la noche barcelonesa, frecuentaba cabarets y burdeles, donde le tenían por uno de sus mejores y más generosos clientes. El informe del servicio secreto británico nos hablan de un tipo “very dark, pale, clean shaven; hair slightly curled and brushed up; eyes very small and grey down; very alert appearence. Speaks French and Spanish well enough to pass for spaniard”.

Como Isaac Ezratty, Wilhem Canaris había sido enviado a la España neutral a finales de 1915, en su caso, para gestionar los suministros para los submarinos alemanes que atracaban en los puertos españoles. El hecho de que los dos hombres se encontraran indica que el barón también tenía una mano en este negocio. No obstante, por lo que sabemos del informe del M15, el interés británico por el Barón von Rolland no comenzó hasta los últimos meses de la guerra. El primer fragmento de información proviene de la inteligencia compartida por los italianos a principios de julio de 1918. Es seguida por información similar compartida por los franceses, y la mayor parte trata de otros agentes que trabajaban para von Rolland.

Un extracto del informe de los servicios secretos británicos nos muestra un listado con varios de los hombres a sueldo de Rolland. En la lista aparecen varios nombres que nos ayudarán a esclarecer la trama de esta historia:

“9 Dec. 15, uses name BOYAL for travelling.

26 Gen. 16, chief on German espionage in Barcelona, working with JONSONSKI, chief of Austrian espionage.

14 Dec. 16, in relations with CANALS MARQUEZ.

27 Apr. 17, in relation with GEULEN.

7 Aug. 17, employs Luis MERCADER and Juan RULAN ROCA.

11 Oct. 17, emplyos Mohamed HEFNI.

26 Nov. 17, employs Luciano BELLADE.

27 Jan. 18, in relation with Enrique Arnau HERVE, catalan, living 133 Rambla de Catalunya, who supplies him with information.

29 Jan. 18, employed Antonio FAIRINI (…)

4 June 18, employed ROYO SAN MARTIN.

4 Jul. 18, his secretary is Paul LENTZOW, called Lucio”

Informe del M15, a 16 de Agosto de 1918.

Informe del M15 sobre Paul Lentzow, a 16 de julio de 1918.

***

El 6 de noviembre de 1916 una multitud de refugiados turcos se concentra frente al Consulado Imperial de Turquía, situado en el número 302 de la calle Diputación, exigiendo el retorno de las ayudas que habían estado percibiendo hasta entonces.

Al día siguiente el periódico madrileño El Liberal publica una nota sobre la protesta:

“Los súbditos turcos a quienes ha dejado de socorrer la Beneficencia alemana se han presentado en el consulado de Turquía pidiendo socorro en forma violenta. El cónsul ha visitado al gobernador para buscar solución al conflicto. Esta autoridad ha pedido la lista de mujeres y niños para prestarles auxilios inmediatos mientras resuelve el gobierno de Turquía”

El periódico La Acción, ligado a los intereses germánicos, añadía:

“ (…) una comisión de ellos ha visitado al gobernador civil para exponerle que se hallan sin medios de vida de ninguna clase. El gobernador les ha hecho ver la imposibilidad en que se encuentra de atenderles, pues el asunto es tan sólo competencia del cónsul de Turquía”.

Dos días después, 8 de noviembre, el diario aliadófilo La Correspondencia de España daba por concluido el conflicto:

“Está resuelto el conflicto de los turcos. Como ya dije hay un número considerable de súbditos turcos, a quienes socorría el cónsul alemán, que dejó de hacerlo por indicación del gobierno de Turquía. Al dejar de percibir el socorro, los infelices fueron a comunicarlo al gobernador, y éste los recibió con buenas palabras. Anoche en número de unos 500 fueron en manifestación de nuevo al Gobierno Civil, lamentándose de que pasaban hambre. Entre ellos hay muchos mujeres y niños. El gobernador interino les socorrió y luego celebró varias conferencias con el alcalde y los cónsules respectivos. Hoy se ha concedido a las mujeres y a los niños el ingreso en el Asilo del Parque, donde estarán hasta que se resuelva de modo definitivo su situación. Los niños de siete a diez años ingresarán en el Reformatorio, y los hombres que carezcan de trabajo serán socorridos

Asilo del Parque, 1912. (Foto: Brangulí).

A pesar de las palabras del Corresponsal, diario que vivía bajo el amparo del Consulado Francés, la situación estaba lejos de estar resuelta. El jueves 9 El Imparcial publicaba:

“Barcelona, 8 (3:15, de la tarde). Anoche, un numeroso grupo de refugiados turcos, sobre cuya angustiosa situación ya hemos dado detalles, se situó en las inmediaciones del Consulado Alemán, y hubieran penetrado viole ntamente en el edificio a no haber intervenido la Policía, que logró disolver la manifestación. Los cónsules de Alemania y Turquía estuvieron hoy conferenciando acerca de la situación con el gobernador civil. Este ha manifestado, que ha pesar de sus gestiones, no se ha resuelto porque los turcos no les ha facilitado la lista de los que debía al Asilo del Parque y los que debían acogerse al amparo de la Junta por la protección de la infancia. Hoy por la mañana volvió a presentarse a los consulados de Alemania y Turquía un numeroso grupo de súbditos turcos, que ha grandes voces protestaban de que les hubiesen retirado la pensión de dos pesetas con que se les auxiliaba. Como anoche, intentaron asaltar las oficinas de dichos consulados, cosa que evitó la Policía.”

Al día siguiente el diario La Mañana publicaba:

“Barcelona, 9. Los refugiados turcos siguen promoviendo alborotos en la ciudad. Esta mañana se situaron en actitud tumultuaria ante el Consulado Alemán en demanda de socorro. Tal era su actitud, que hizo precisa la intervención de la fuerza pública. Entre los manifestantes figuran muchas mujeres y niños. Un grupo de turcos fue al Gobierno Civil, armando una gran algazara, pretendiendo subir a viva fuerza. Consiguieron que el gobernador les recibiera en el momento que estaba conferenciando con el cónsul alemán. En la entrevista se acordó que el cónsul envíe al gobernador el dinero necesario para los socorros, o sea, dos pesetas por individuo y una por cada niño. Al salir de la entrevista los comisionados informaron del resultado de la entrevista a sus compañeros y dieron vivas a España”

El mismo día 9, el diario La Vanguardia ampliaba la información:

“Ayer por la mañana visitaron al gobernador civil interino, señor Die y Mas, el cónsul de Alemania y el vicecónsul de Turquía, con objeto de tratar de nuevo del asunto de los súbditos turcos refugiados en esta capital con motivo de la guerra. A pesar de las activas gestiones realizadas por el gobernador para resolver en lo posible este conflicto, y de la solución que les propuso de atender a las mujeres y niños de los refugiados refugiados en el Asilo del Parque y de la Junta de Protección a la Infancia, el problema puede afirmarse que subsiste en igual estado, ya que la mayoría de aquellos no acepta al parecer el indicado ofrecimiento. Así por lo menos puede desprenderse del hecho de que ayer al mediodía la comisión aun no había presentado la lista de las mujeres y niños que deseen ser socorridos en los expresados centros benéficos. Durante el día de ayer los refugiados se presentaron de nuevo frente a los consulados de Alemania y Turquía, formando grupos que fueron dispersados por la policía.”

Dos días más tarde también en el mismo periódico:

Por encargo de cónsul de Alemania fueron entregadas ayer al gobernador civil mil pesetas para el abono de los socorros que se facilitaban a los refugiados turcos y cuya entrega se había suspendido desde primero de mes. El señor Die y Mas entregó la expresada cantidad a una comisión de aquéllos, que se han encargado de distribuirla entre sus compañeros a razón de dos pesetas diarias a las personas mayores y una a los niños. A los referidos refugiados se les abona la cantidad que habían dejado de percibir en los días transcurridos desde el primero del corriente.

Casi una semana más tarde, el viernes 17, se anunciaba en La Vanguardia una pronto resolución del conflicto:

“El cónsul de Alemania en Barcelona, barón de Otsman, visitó ayer al gobernador civil con objeto de cumplimentarle y tratar al propio tiempo del estado del asunto relacionado con los súbditos turcos refugiados en esta capital que habían sido socorridos por la Sociedad de beneficencia alemana y que últimamente, al serles retirados el socorro realizaron diversas manifestaciones hasta conseguir que fuese restablecido. Como se recordará se dio cuenta de lo ocurrido al gobierno español, y éste, por la vía diplomática, lo trasladó al de Turquía, para que determinara lo que debía hacerse con esos turcos. El gobierno de Turquía ha contestado que se les pase, por su cuenta, 0’40 pesetas diarias a cada uno de sus indicados súbditos. Por su parte, nuestro gobierno ha ordenado al gobernador que por la beneficencia pública sean auxiliados con albergue y comida los verdaderamente necesitados, puesto que las circunstancias actuales no le permiten atender con holgura a los extranjeros habiendo aquí tantos españoles faltos de trabajo y de recursos para ser socorridos.

¿Qué papel jugaba el Gobierno Español en este conflicto? ¿Se sintió presionado por las legaciones turcas o alemanas? ¿Tuvo consecuencias políticas? ¿Y si las hubo, afectaron a los extranjeros residentes en España?

El historiador Mikel Aizpuru nos ofrece algunas pistas:

“El gobierno español se enfrentaba a un doble cuestión: a la petición de ayuda de los refugiados y a las consecuencias políticas de su presencia en España. La ayuda a los refugiados se trataba de una cuestión fundamentalmente económica, aunque con algunas consecuencias de orden público. En el caso de Barcelona, varios cientos de refugiados de nacionalidad turca atacaron tanto su consulado, como el alemán. Los ataques se habían producido por primera vez a finales de 1916, cuando la legación alemana dejó de suministrar dinero para dicho objetivo. Ante las insistentes peticiones de la embajada del imperio anatolio, el gobierno español accedió a adelantar algunas cantidades de dinero, con el compromiso de que les serían reintegradas tan pronto como la situación se normalizase.”

El martes 21 de noviembre, el gobernador civil de Barcelona, el señor Suárez Inclán, concluía que el conflicto ya era historia. La prensa se hacía eco de sus palabras (La Vanguardia, a 21 de noviembre):

“El gobernador considera definitivamente resuelto el conflicto de los turcos indigentes. El señor Suárez Inclán – el Gobernador Civil- ha consultado con el gobierno el modo de facilitarles pasaporte, pues muchos de ellos han manifestado el deseo de embarcar para América.”

A pesar de la aparente recuperación del subsidio la situación de los refugiados sigue siendo desesperada. Cinco días después lo comprobamos en las páginas de La Vanguardia:

“Barcelona, 26. Una comisión de los súbditos turcos residentes en esta ciudad, que son socorridos por el Consulado alemán, visitaron ayer al gobernador civil para rogarle se les facilite pasaje para Madrid, con objeto de gestionar que se les aumente el estipendio que perciban. El señor Suárez Inclán ha transmitido los deseos de sus visitantes al gobierno, a fin de que adopte éste la resolución que estime oportuna.”

Tras la movilización de los refugiados su situación toma protagonismo en la prensa española. Desde el 6 noviembre, fecha de la primera protesta, el seguimiento irá en aumento. Las escenas de desesperación llegan a oídos de Abraham Shalom Yahuda, profesor de la primera cátedra de Hebreo de España, que junto al Dr. Max Nordau, líder sionista exiliado en Madrid, iniciarán una campaña para socorrerlos. A mediados de noviembre Abraham Yahuda envía un cable al Joint Distribution Committee, en el que denuncia que “los refugiados judíos de Turquía estaban muriéndose de hambre en Barcelona”.

Sin pensarlo dos veces la Joint se pondrá en marcha. A través de uno de sus miembros, el abogado Fulton Brylawski, inician el proceso para enviar una primera remesa de 4000 dólares:

Después de un sinfín de promesas incumplidas y ante el desamparo absoluto, un grupo de refugiados decide acampar en el centro de la ciudad. La Vanguardia, a 12 diciembre:

“Barcelona, 12. Viene siendo verdaderamente escandaloso lo fue ocurre en varias calles de esta ciudad y en especial en la de Balmes, chaflán Diputación, en donde han sentado una especie de campamento los turcos refugiados en Barcelona. Los transeúntes se ven molestados hasta tal punto y en forma tal que bien puede calificarse de atraco la forma de pedir limosna de esos infelices. Especialmente las señoras que no van acompañadas se ven asediadas con tanta porfía que ocurre a veces que tienen de refugiarse en los zaguanes de las casas y aún hasta allí han sido perseguidas por los pedigüeños. Urge poner remedio al abuso.”

Un día después, por iniciativa del senador Angel Pulido, y en sesión ordinaria del Senado, propone la creación de una comisión que atienda la situación de los refugiados turcos en Barcelona. Ese mismo día escribirán una carta a la Joint anunciándoles la iniciativa:

“Messieurs:

Nous avons l’honneur de vous informer qu’aujourdhui, dans une des salles de Commission du Senat, nous souses constitute en Comité de distribution de l’aide americaine pour les Juifs ottomans réfugiés à Barcelone. Nous avons prié M. le Dr. Angel Pulido, Vice – President du Senat, d’accepter la presidence du Comité, à quoi il a consenti. Font partié du Comité M.M. Azcárate, Altamira, Simarro, Yahuda et Nordau. Sous avons invité M. Metzger de Barcelone, à se joindre à nous, à participer a nos travaux et à se charger de 1’execution sur place des mesure deciders par nous. Le Comite constitué vous adresse ses remerciements de la subvention de 4,000 dollars que vous avez bien voulu faire parvenir par cable a son president, et vous félicite de la générosite et de la promptitude de decision dont, à cette occasion encore, vous avez fait preuve. Pour se conformer à vos nobles et charitables intentions, le Comité a pris les decisionn suivantes: Il a prié M. Ynhuda de se rendre en personne à Barcelone pour établir avec precision la liste nominative des juife ottomans refugies qu’il s’agit de secourir. cette liste devant indiquer la situation de famlile de chaque assists, le nombre de personnes qui en dependent, et son occupation (…)”

(Firmado por Angel Pulido, Luis Simarro, Rafael Altamira, Max Nordau, Pablo de Azcárate y Abraham Yahuda)

Fechada el mismo día, 13 de diciembre de 1916, encontramos otra carta del recién creado Comité para socorrer a los Israelitas refugiados en España que desprende ese ademán filosefardí que había promulgado el doctor Ángel Pulido desde principios de siglo:

“A l’American Relief Committee

á New York.

Messieurs,

Ayant accepts l’invitation de M.M, Yehuda et Nordau de faire partie d’un Comité de distribution du secours si genereusement envoye par vous pour les Sefardites Ottomans refugies en Espagne, nous somne reunis et nous vous avone rendu compte de notre constitution ainsi que des resolutions que nous avone prises pour faire beneficier les Sephardltes Ottotmans refugies en Espagne des sommes que vous nous avez envoyee, en nous conformant a l’esprit de votre donation.”

El profesor Yahuda llegará a Barcelona el 12 de enero con la misión de aliviar la situación de los refugiados. Permanecerá en ella tres largas semanas. El Imparcial publicaba una nota sobre su misión:

“Barcelona, 12 (3:15, tarde). Ha llegado de Madrid y ha conferenciado con el gobernador interino, el catedrático de la Universidad Central, señor Yahuda. Se asegura que su viaje está relacionado con el conflicto que se planteó por haber retirado el cónsul alemán la subvención que se pagaba a unos súbditos turcos residentes en Barcelona y que se ha continuado satisfaciendo por indicaciones del Gobierno.”

El 26 de marzo el Comité para Socorrer a los Israelitas refugiados envía de nuevo una carta a la Joint para actualizar la situación de los mismos:

“We are now in a position to give you an acount of the manner in which we have tilll now carried out the humanitarian task which you have been good enough to entrust to us. As we were convinced that the matter of tha Jewish Ottoman refugees at Barcelona was too complicated to be properly regulated by correspondence, we were able to induce Professor Yahuda to go personally to that city. Prof. Yahuda, who is always ready to sacrifice himself for his corregionalists, kindly consented to go and remained three weeks at Baroelona.

He has personally made a detailed inquiry as to the condition of every individual and of each family of the refugees. Hae seen them all, has spoken to all of them, and has tried to form an opinion upon the character and the future of each one them. He has had long conference with the consular authorities who until now have helped the refugees, and has succeeded in obtaining many concessions from them. They have concented to continue their assistance for several weeks longer, upon the condition that we undertake to charge ourselves with this responsibility later on.

The work of Prof. Yahuda has been considerably helped by several Jews, who fortunately are attached to the German Consulate at Barcelona, and also by a small group of well-to-do Jews who have been established there for a longer or shorter time.

The system which Prof. Yahuda adopted with our full approval, and which we hope will also meet with your approbation, is as follows: All the Jews who desire and are capable of starting some litlle business are given a small loan, and we also guarantee small credit for them, with merchants who supply then with goods proportionate to the loan we make them. The borrowers are obliged to repay the loan by Installments, which as the soney comes in, would be re-employed in the same way.

The artisans who are working at their trades, are helped by us so that they have sufficient, in the same way as they were previously helped by the Consulates. The sick, especially those who are suffering from tuberculosis and who are unable to do any work, the single women, the old men and the children are entirely supported by us.

Those who are able to earn a living should leave Barcelona and go to other places in Spain, preferably the seaports – Valencia, Alicante, Almeria, Malaga, Corogne, Bilbao, and in the large cities of the interior, where business is more or less developed. The intention of this is not only to disperse a mass of people that is annoying to the Spanish authorites and creates a condition of strong opposition, which is very unfavorable to a proper understanding of the people, and to the developement of their undertakings. By careful selection anomg the refugeee, it would be also make it possible to create the nucleus of the Jewish communities in a large number of places, around which other immigrants could in time, be grouped and organised, a condition which one must take into consideration in view of the probable immigration after the war.

We are especially glad to mention that the Spanish authorities have generously placed at the disposal of Prof. Yahuda as many railroad tickets as clay be needed for all the refugees who desire to leave Barcelona to go to other places, at half rates. Thin benevolent action on the art of the Spanish officials has made is to much easier for us to disperse our protegees.

Prof. Yehuda work has made it possible for us to form an exact opinion as to the future of our relief work. To put the artisans into such a position that they will become self-supporting – to maintain the sick and incapasitated at least until the end of the war, will require, we think at least 4,000 dollars.

We hope that in your unlimited charity, which has our deepest admiration, you will find it possible, in the interest of this work in Spain, to make the further effort we ask of you. If you do find i t possible to grant us this further sum of 4,000, we shall be able to devote ourselves to another rather, which has been brought to our attention in the most appealing manner.

We refer to a number of Spanish Jews, who are Turkish subjects, who are interned by the French Goverment In the concentration camps, and are suffering a great misery. France has treated the great majority of the Ottoman Jews, which the outbreak of the war found on French soil, with great humanity, and we do not fail to pay hostage to her humane treatment of them. But a smal number are the victims of denunciation, inspired by personal malice, unfair competition base envy or suspicions which we think are unfounded almost every case or they are simply the victims of errors of the minor officials, conditions which are inevitable in such troublesome times, but which are none the less regrettable. In consequence of this, they have been deprived of the kindnesses of the French Goverment, and are interned under conditions which move us profoundly. There are wives who are separated from their husbands, young girls taken away from their parents, active and capable men condemned to a life of idleness, a condition which has lasted two years, and which makes them scur and desperate.

We propose to take steps in behalf of these urfortunates and hope that our appeal to the noble sentiments of the French Goverment in behalf of these spanish Jews, will not be in vain. But if we succeed in having these prisoners set free, we shall be under a moral obligation to supply them with the means to leave France and come to Spain, find employment for them and help them to establish homes here, We are naturally unable to undertake this, unless you are kind enough to supply us with the necessary means, which in our opinion, could be covered by the 4,000 dollars which we ask of you.

Awaiting your decsion and congratulating you upon the results which have been obtained through your magnifioent charity, we bag you to accept the assurance of our esteem and deep appreciation.

(Signed) Y. Azcarate, Rafael Altamira, L. Simarro, Dr. Angel Pulido and M. Nordau.”

Tres días más tarde, el 29 de marzo, Federico Rüggeberg publica una nota en La Vanguardia dirigida a los súbditos turcos:

“Se suplica a los súbditos otomanos de ambos sexos residentes en Barcelona, y que no reciben socorro del Gobierno Imperial, se presenten en la Cancillería de este Consulado (calle de Ausias March, núm. 3, principal 2a), el viernes, día 30 de Marzo de 1917, da once a una o de cuatro a cinco de la tarde, con sus pasaportes y demás documentos, así como con dos pequeños retratos, para obtener su cédula de inscripción, según Real Decreto del Gobierno español, fecha 12 de Marzo de 1917. A los demás súbditos turcos se les informará oportunamente. El Cónsul de Turquía, Rüggeberg.”

En cuanto al real decreto que hace referencia el cónsul, de nuevo el historiador Mikel Aizpuru nos aporta una información muy valiosa:

“En efecto, un Real Decreto de 12 de marzo de 1917 reguló severamente la entrada y permanencia de los extranjeros en España. Aunque la parte expositiva del texto legal subrayaba el carácter recordatorio de unas disposiciones que habían caído en el olvido o el carácter de reciprocidad con lo legislado en otros países, el decreto introducía modificaciones sustanciales. Las fundamentales, la obligación del pasaporte y de su visado para poder entrar en España y la autorización gubernativa para residir en el Reino. Aquellos extranjeros que alegasen ser prófugos, desertores o refugiados políticos serían inscritos, pero permaneciendo bajo la vigilancia de las autoridades mientras se comprobase su identidad. En caso positivo se les proporcionaría una cédula de identidad. Los residentes en España que careciesen de recursos y no fuesen socorridos por sus respectivos consulados serían sometidos a prestación personal a cambio de sustento y albergue. No podían, además, abandonar su lugar de residencia, sin permiso de la autoridad. Aquellos que a partir de 1º de abril entrasen en España sin esos documentos o incumpliesen el decreto serían detenidos y expulsados tan pronto fuese posible.

El 18 de mayo de 1918 en el diario La Nación se anuncia la detención de tres súbditos turcos evadidos de los campos de concentración de Francia:

Al comienzo de la guerra el Gobierno Francés creará decenas de campos de internamiento para extranjeros,”indeseables” y otras “poblaciones sospechosas” – así serán catalogados-, “para salvaguardar la seguridad de la República”. Esta es una historia bastante desconocida, poco tratada por la historiografía, que merece ser contada.

Tras la movilización sólo serán evacuados los ciudadanos procedentes de Alemania y Austria-Hungría residentes en la región noreste y alrededores de París y Lyon. El decreto del 2 de agosto de 1914 les dará derecho a salir libremente del país (en tan sólo 24 horas) o quedarse disfrutando de un permiso de residencia requiriendo un salvoconducto para moverse. Una instrucción del Ministerio del Interior del 1 de septiembre ordenará que los austro-alemanes “deberán ser alojados en zonas comunes para ser objeto de supervisión…”. El 15 de septiembre se requiere la evacuación de todos los alemanes sin excepción, incluso aquellos que tuvieran un permiso de residencia. Una circular del 1 de octubre precisa que debe aplicarse “también a las mujeres, niños y viejos…“. El número de campos aumentará a lo largo del conflicto, así como el número de extranjeros detenidos, entre ellos los sujetos del Imperio Otomano.

El caso de los súbditos otomanos provocará una disputa manifiesta en el seno del gobierno, enfrentando el Ministerio de Asuntos Exteriores con el de Interior. Éste, sensible a la presión de la opinión pública – particularmente hostil con los comerciantes turcos -, fue partidario de su confinamiento. Por otro lado, el Ministerio de Asuntos Exteriores, conocedor del impacto que pudiera tener esa decisión en los intereses diplomáticos de Francia, sobre todo en los países musulmanes, se posicionó contrario al internamiento. Hasta finales de 1915 fue esta última posición la que prevaleció, siendo muy pocos los turcos internados. No será hasta finales del mes de noviembre, cuando la postura del Ministerio de Interior se imponga. Desde entonces y hasta el final de la guerra, los súbditos otomanos serán internados en los campos.

Entre 1914 y 1918, se construirán más de 60 campos que acogerán a cerca de 60.000 sospechosos. Estarán principalmente situados cerca de las zonas costeras del oeste y el sur-este, en lugares remotos y de fácil supervisión. Uno de ellos será el de Garaison, en el departamento de Hautes-Pyrénées (1914-1919). En ese campo convivieron alemanes, húngaros, austríacos, búlgaros, judíos otomanos o originarios de Galitzia, etc.

El historiador francés Jean-Claude Vimont nos adentra en la realidad del campo de Garaison:

“Nombre d’internés étaient des travailleurs immigrés, arrivés en France depuis de nombreuses années. L’ancienneté de leur installation explique le choix de leurs épouses. Un foyer avait été fondé, des enfants avaient grandi en France, quelques-uns avaient acquis la nationalité du pays hôte. Certains combattaient même sous les couleurs françaises. Poilus de l’infanterie, comme leurs compagnons d’infortune, cauchois et bigoudens, kabyles et sénégalais, mais dont les pères séjournaient dans des camps dits de « concentration ». Les ouvriers qualifiés représentaient en 1917 un quart de l’effectif masculin. Ils étaient avant guerre principalement employés dans la métallurgie ou dans l’automobile, mais aussi dans l’industrie textile et le bâtiment. Un autre quart était composé d’artisans. Tailleurs et fourreurs austro-hongrois, juifs pour la plupart, originaires de Galicie et de Bukovine, représentaient la moitié des artisans. Les autres travailleurs indépendants appartenaient au secteur du cuir, avec une proportion non négligeable de cordonniers juifs, et au secteur du bois. 15 % des internés étaient des employés de l’hôtellerie, de la restauration et du commerce. Enfin un tiers de l’effectif était composé de commerçants et de membres de professions libérales. Figuraient dans l’effectif des ecclésiastiques et des artistes peintres, un jockey, un pope et une colporteuse tzigane, des marins et des musiciens, le docteur Albert Schweitzer et le consul Von Bary, d’anciens légionnaires et des coloniaux originaires de Tahiti ou de Madagascar, un cafetier juif de nationalité ottomane, installé depuis des années à Rouen, et un souteneur turc, arrêté au Maroc. Le brassage des nationalités et la diversité des origines géographiques surprirent les contemporains ; peut-être parce que la fermeture des camps coloniaux provoqua des flux d’internés « exotiques ». Quelques photographies – cartes postales ? – privilégièrent ce « melting-pot”.

Internos otomanos en el campo de Garaison, 1918.

El 29 de septiembre de 1919 el diario barcelonés El Figaro se hace eco de una inminente expulsión de súbditos turcos, algo constante durante la guerra:

(…)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *