El judío que pudo salvar a Trostki


Por

Franz Feldman, que había nacido el 22 de mayo de 1899 en Szombathely, Hungria, en el seno de una familia culta y adinerada, llegó a México el 14 de abril de 1938 como Francisco Ferry Linder, de nacionalidad española. No llegará solo, lo acompaña su esposa Ruth y un hijo de cuatro meses al que llamarán Tommy. Nadie les irá a recibir al puerto de Veracruz. Recién llegados las autoridades les piden una foto de perfil de su bebé. En plena Semana Santa, en la calurosa Veracruz, sin un céntimo en los bolsillos, se patean las calles en busca de un fotógrafo que les tome la foto a cambio de nada.

Ruth Goldstein junto a Tommy Ferry. Registro Nacional de Extranjeros en México (copia digital)Digitalización desde una copia de microfilm del Archivo General de la Nación de México. Registro de Inmigrantes Españoles en México. Archivo General de la Administración

Un año y medio antes, el 23 de septiembre de 1936, Ruth y Franz habían contraído matrimonio en el Hotel Colón ante el Comité de Milicias Antifascistas. Ruth Goldstein Wolframann, nacida en Berlín en 1907, recordaría años más tarde su llegada a Barcelona y su reencuentro con Ferry – como ella solía llamarlo:

“Vivíamos en Paris miserablemente –se refiere a la vida junto a su exmarido Wilhem- , nunca pudimos trabajar como médicos. Ferry, instalado en Barcelona, nos consiguió enseguida un permiso de trabajo. Desde que llegamos – en 1935 – trabajamos como médicos en varios hospitales”

Ruth recuerda el episodio más trágico de su vida, relacionado inevitablemente con Barcelona y la Guerra Civil Española. La muerte de su hijo Ilya de nueve años:

“(…) El 6 octubre del 36, ya en el transcurso de la guerra, murió mi hijo Ilya de escarlatina, tenía 9 años. Ferry se encontraba en el frente cuando eso sucedió – Ruth y Wilhem se habían separado antes de comenzar la guerra. No teníamos medicamentos y yo trabajaba como una loca (…) Cuando ocurrió se me quitaron las ganas de vivir, era mi único hijo…cuando sonaban las sirenas que anunciaban los bombardeos deseaba que cayera una sobre mí, si no fuera por Ferry me hubiera suicidado.”

La investigación del historiador Gonzalo Berger, plasmada en su interesante artículo “Franz Feldman. Política, Comunisme i Brigades Internacionals a l’Espanya dels anys 30”, nos aclara los primeros pasos del joven Franz antes de recalar en Barcelona:

“L’any 1914 va acabar la seva formació escolar amb l’ intenció de continuar a la universitat. Es traslladà aquell any amb la seva família a viure a Viena. Un cop començada la Gran Guerra es traslladà a viure a Budapest. En aquesta ciutat inicià la seva militància política. Milità al Cercle estudiantil Galilei, de tendència socialista. Posteriorment s’afilià a l’Associació Comunista d’Estudiants. Va ser mobilitzat per l’Exèrcit austrohongarès l’any 1917. Participà de la I Guerra mundial i va ser capturat per l’Exèrcit Roig. Un cop finalitzada la guerra tornà a Budapest i s’afilià al Partit Comunista d’Hongria. L’any 1919 va formar part del Comitè Central dels Soviets a Budapest. Participà com a comissari polític de l’Exèrcit Roig d’Hongria. La República Soviètica d’Hongria va ser derrotada per les armes i Feldman s’exilià a Iugoslàvia, on va ser condemnat a 10 anys de treballs forçats a la presó de Karlovac com a conseqüència de la seva militància política. L’any 1920 va escapar de la presó i es va dirigir cap a Viena, on es retrobà amb Béla Kun i la resta de camarades hongaresos, que per aquells moments conformaven part del nucli dur de la Komintern. Entre 1921 i 1924 el grup es traslladà a Berlin, on participà de les diferents insurreccions obreres que durant aquells anys van produir a la República alemanya de Weimar. Va ser durant aquells anys quan Feldman aconseguí llicenciar-se com enginyer tècnic a la Universitat Politècnica de Berlin. L’any 1924 es traslladà a Milà on residí fins l’any 1930 (…) L’1 de setembre de 1930 Feldman retornà a Budapest. Va ser detingut i ingressat a la presó per la seva participació a la revolució de 1919. Fou alliberat i detingut en tres ocasions de manera consecutiva. L’octubre de 1931 es traslladà a Berlin i posteriorment a Paris, on va participar del moviment hongarès d’exiliats polítics “Comitè 1 de setembre”. Va ser en aquest moment quan va començar a treballar com agent secret integrat a la cèl·lula comunista comandada per Sergei Tordin o Vassilevitch. Aquesta cèl·lula operava a França, Anglaterra i Espanya. L’any 1932, Feldman actuà com enllaç amb els membres del PCE. Va accedir a l’Escola de Guerra de l’Exèrcit francès on va aprendre tàctiques modernes de la guerra amb vehicles blindats. Al febrer de 1932 va conèixer, a un pis de Toulouse, a Caridad, Pere i Ramon Mercader. Feldman i Ramon Mercader, van ser, a partir d’aquell moment, amics íntims. Va ser durant el mes de febrer de l’any 1932 quan el seu comandant i enllaç amb la GPU, Servei Vassilevitch, fou depurat, víctima de les purgues de Stalin. La cèl·lula francesa va quedar desarticulada. El març del mateix any Feldman es traslladà a Barcelona, on va viure a un pis del carrer Muntaner i treballà com enginyer a la fàbrica tèxtil del Sr.Bosch. El seu enllaç a Barcelona fou Hilario Arlandis. Ramon Mercader li ensenyà a parlar el català.”

Tal y como apunta Berger, la actividad política de Franz no cesa desde su llegada a Barcelona. Se afilia al Partido Comunista de Cataluña, escribe informes políticos, se dedica a ayudar a los refugiados judíos, muchos de ellos militantes comunistas, entre los que se encuentra un viejo conocido, Ernö Singer, conocido también como Erno Gerö, o “Pedro”, con el que había coincidido en Budapest en 1917. Gerö, había sido enviado por la Internacional Comunista para implantar en España la doctrina del Frente Popular. Franz lo acompañará en este propósito.

La actividad militante de Franz sigue en 1936. En palabras de Berger:

“ (…) l’any 1936 va assumir l’organització de l’oficina de premsa i relacions institucionals de les Olimpíades Populars, que s’havien de realitzar a la ciutat al juliol del mateix any. En aquest context es produí el cop d’estat militar del 19 de juliol a Barcelona. Conjuntament amb Arlandis, Sesé i Gero, impulsaren la formació del PSUC, partit en què milità a partir d’aquell moment. El 21 de juliol de 1936 fou nomenat membre del Comitè de Guerra de la Generalitat de Catalunya. Actuà com enllaç entre el Coronel Escobar de la Guàrdia Civil i el Comandant Guarner. L’1 d’agost fou nomenat pel departament de governació de la Generalitat de Catalunya com “Cap dels Serveis Tècnics Militars”, amb la facultat per la construcció i conservació d’armes i artefactes de guerra, concedint-li la màxima autoritat amb aquesta finalitat, i a la que es trobaven obligats a sotmetre’s totes les organitzacions antifeixistes.”

Días después, consciente del impacto internacional de la guerra, Franz asumirá un papel destacado en la formación de la Brigadas Internacionales, auspiciadas por su camarada Enrö Gerö. El 28 de septiembre, Francisco Largo Caballero, Presidente de la República, autoriza a Franz – por entonces conocido como Francisco Ferry – la formación de dos Columnas de Asalto. Quince días después, el 13 de octubre, se le otorga el mando y la instrucción de dos Brigadas.

 

ESPAÑA. MINISTERIO DE LA GUERRA. Autorización dirigida a Francisco Ferry para organizar Columnas de Asalto, firmada por Francisco Largo Caballero. Madrid, 28 septiembre 1936.

Este marcado protagonismo se verá súbitamente interrumpido. La causa, su matrimonio con Ruth Goldstein, acaecido el 23 de septiembre, cinco días antes del primer decreto firmado por Largo Caballero.

Como explica el propio Berger, el enlace con Ruth supuso la ruptura definitiva entre Enrö y Franz. Ruth y su anterior esposo, Wilhem, habían sido purgados años antes por el partido, por lo que consideraban a Ruth una disidente. Este hecho alejará a Franz de las Brigadas Internacionales y se verá desterrado al Ministerio de Transportes de Guerra. Desde entonces, el recelo hacia Franz crecerá en el seno del partido.

 

HOTEL COLÓN, SEDE DEL PSUC EN BARCELONA DE 1936 A 1939. Sede también del enlace entre Ruth y Franz.

Ruth y Franz se habían conocido años atrás en la Universidad Politécinca de Berlín, donde Franz había cursado Ingeniería. Él mismo había conseguido la visas para Ruth y su por entonces esposo Wilhem, que por entonces vivían en Paris en el absoluto desamparo. Ruth habla de los motivos de su exilio, de aquella presión asfixiante que la incitó a emigrar, del aire viciado de las ciudades alemanas que ya sentían la irrupción del nazismo bajo sus cabezas:

“Hasta que Hitler vino al poder, en enero de 1933, los judíos alemanes no querían ver el peligro. Ellos querían quedarse, llevaban desde generaciones allá, habían hecho fortuna, no querían perder sus casas y se arriesgaron quedándose allá. Cuando eso pasó yo ya no estaba en Alemania, me fui esquiando en diciembre de 1932 (… ) Yo era judía y además comunista…“.

Desde la fecha del enlace matrimonial, Ferry vivió en carne propia los efectos de las purgas estalinistas que Ruth tan bien conocía:

“(…) Ferry, que durante parte la guerra trabajó para el Ministerio de Transportes -entre otras cosas había comprado armamento a Rusia, la mayor parte en mal estado-, aconsejó que no se comprara más armas a la URSS, ya que suponían un peligro para los soldados de la República. Esta decisión contrarió al Partido Comunista de España y lo excluyeron del partido (…) Una madrugada, en noviembre de 1937 – estando yo embarazada de Tommy-, y mientras vivíamos en el Hotel Inglés de Valencia, donde se había trasladado el gobierno, una brigada del GPU, los espías soviéticos, entraron en nuestra habitación empuñando sus armas. Nos vendaron los ojos y nos condujeron en coche a un sótano muy elegante, donde un tal Belayev nos interrogó. Estábamos convencidos de que nos iban a fusilar, a Ferry le quitaron las armas y a mí los retratos de mi hijo Ilya. Al cabo de cuatro horas nos condujeron de nuevo hasta el despacho de Belayev, el cual se excusó: ‘Camaradas, perdón, ha sido un error, si hubiéramos sabido que ustedes eran tan importantes los hubiésemos dejado en libertad mucho antes (…)’. La verdad, había sido todo mentira, el conserje de nuestro hotel había avisado al gobierno y éstos habían intervenido. Julian Zugazagoitia, hombre de Indalecio Prieto, nos recibió en su casa y nos entregó dos pasaportes: ‘Aquí tenéis dos pasaportes españoles, tienen que dejar el país cuanto antes. Ya no podemos protegerles más’. Y eso hicimos. En noviembre de 1937 nos subimos a un avión que nos condujo a Toulouse y de allí en tren a París.”

El sótano elegante al que se refiere Ruth son los bajos del convento de Santa Úrsula, prisión provisional que vivió bajo el amparo del ministro de la Gobernación, el largocaballerista Ángel Galarza, y fue dirigida por la GPU, donde se hacinaron presos nacionales y extranjeros, y en cuya detención e interrogatorios apenas intervenían las autoridades españolas.

El encargado de Santa Úrsula era Alexander Belayev, alias de Naum Markovich Belkin, también conocido como “Weiss” o “Blanco”, hombre de confianza de Alenxander Orlov, alias de Lev Lazarevich Nikolsky, jefe de la GPU en España, ambos judíos oriundos de Bielorrusia.

Checa de Santa Úrsula, Valencia, 1937.

Helmut Kirschey, militante anarquista alemán, fue uno de los reclusos de Santa Úrsula. Años más tarde recordaría su paso por la prisión:

“Los interrogatorios siempre tenían lugar por la noche. Nos despertaban en algún momento entre las doce y las dos, cuando más cansado y menos espabilado está uno. A veces éramos dos los interrogados la misma noche, pero nos conducían en coches distintos. Nos llevaban a la calle del Pintor Sorolla, donde la NKVD-GRU tenía su cuartel general. Las ventanillas estaban siempre tapadas, pero una vez nuestro coche tuvo que frenar en seco y se movieron las cortinillas, por lo que pude ver el cartel con el nombre de la calle. Entonces es cuando pude saber a dónde nos llevaban. Quien dirigía nuestros interrogatorios era ruso, pero el personal de guardia del convento era español.

Los interrogatorios continuaron mes tras mes. Nos cogían a algunos por la noche. Teníamos que reconocer, nos decían, que trabajábamos conjuntamente con el POUM para derrocar el gobierno. Yo reía y les decía: “Estáis locos, nunca he tenido nada que ver con los trotskistas”. Les hablé de los dos trotskistas que teníamos en el frente, a los que habíamos devuelto allí porque no queríamos tener nada con ellos, pero les daba igual. El objetivo de los que nos interrogaban no era saber la verdad sino destruir el grupo de anarcosindicalistas alemanes de Barcelona. Para mí era evidente. En los primeros meses de 1936 teníamos una posición en Barcelona impensable para los comunistas. Nosotros, una pequeña organización de inmigrantes, teníamos prácticamente el control sobre todos los germanohablantes. Nos mandaban a todos los voluntarios que acudían a España, aunque quisieran enrolarse en las brigadas internacionales o formar parte del POUM. Naturalmente, a los comunistas no les gustaba nada y ahora tenían la oportunidad de eliminarnos. No sólo eran los rusos los que estaban detrás de todo esto, sino también el comunista Karl Mewis, el jefe del KPD (partido comunista alemán) en Barcelona. Años más tarde, escribió en sus memorias que había oído por entonces que nosotros habíamos jugado al fútbol con los fascistas. El oyó lo que quiso oír y lo que le convenía al Komintern (…)

Permanecí siete meses en Santa Úrsula y compartí celda con Rudolf Michaelis. Éramos buenos amigos y charlábamos mucho. Además de los anarcosindicalistas había también algunos trotskistas, o al menos de eso les acusaban. En total éramos unas cien personas las encerradas en el convento. Durante el día no teníamos mucho que hacer, excepto gastar el tiempo en charlar y discutir. Podíamos acceder a una enorme sala donde nos servían las comidas. Sólo por las noches permanecíamos encerrados en las celdas. La alimentación era muy mala. Por la mañana nos daban café y algo de pan, y más tarde, para comer, sopa. A veces tratábamos de hablar de nuestra situación con nuestros guardias españoles. Eran policías normales y no se arriesgaban a decir lo que pensaban. La sensación general era de abatimiento. Habíamos venido a España para formar parte de la lucha contra los fascistas, y a pesar de ello estábamos presos. Por nuestros guardianes supimos que la guerra no iba bien y que el frente iba retrocediendo. Los hombres de la NKVD-GPU que nos interrogaban eran todos judíos rusos. Hablaban yiddish entre ellos, y como este idioma tiene muchas palabras alemanas, podíamos entenderles sin grandes problemas. Tras la guerra civil española muchos de estos rusos fueron encarcelados por haber ido como voluntarios a España o por haber trabajado para la NKVD-GPU. No había lógica alguna en el hecho de ser castigados por lo mismo que habían sido reclutados por Stalin, pero es cierto que allí abajo habían visto y vivido demasiadas cosas. Aunque también puede ser que fueran asesinados porque Stalin era un psicópata. Quien dirigía los interrogatorios quería que firmáramos un papel donde reconociéramos que habíamos tomado parte en la preparación de un Putsch, pero nadie lo hizo. Sabíamos que, de hacerlo, firmábamos nuestra sentencia de muerte. Pero también contábamos con permanecer por ello más tiempo encarcelados. A veces, cuando nos llevaban a interrogarnos, nos decían: “lleva cuidado si no firmas”. Aunque sentíamos la soga al cuello durante todo el tiempo que estuvimos encarcelados, no recuerdo haber pasado miedo en ningún momento. Quizá fuera debido a mis experiencias en el frente, donde no sentí inquietud alguna ante el riesgo a morir. Me intranquilizaba mucho más que nadie se percatara de que se llevaban a uno de nosotros por la noche. En definitiva, el sentimiento predominante en nosotros era el de la cólera. Nos enfurecía estar encerrados en ese sitio cuando habíamos venido a España a luchar, y no a permanecer en prisión.”

Ruth y Franz tuvieron la suerte de tener buenos contactos en el gobierno, pero sobre todo fue definitiva la ágil mediación de Julián Zugazagoitia, de no ser así su destino hubiera sido otro. Tras abandonar en avión el infierno de Valencia y pasar por Toulosse, llegan a París con Ruth a punto de dar a luz. El 5 de diciembre nacerá Tommy en casa de unos amigos médicos de la familia, los Munstein. Las buenas noticias no duran demasiado, comienzan a sentir la misma asfixia que habían sentido en Valencia. Pronto se dan cuenta que los tentáculos de la GPU no entienden de fronteras. París no es un lugar seguro para Franz, el Komitern había pedido su cabeza. Fue entonces cuando Franz pide ayuda a su viejo amigo Lou Litchveld, alias de Albert Helman, un trotskista holandés con el que había coincidido en Barcelona, el cual meses atrás había conseguido establecerse en México. Él mismo les tramitará la visa.

Ruth recuerda aquellos días inciertos:

“Estando Ferry escondido en Amberes, desde donde saldría nuestro barco, fui con los pasaportes españoles y el telegrama de Litchveld a la Embajada de México en París, ya tenían el aviso, y nos dieron la visa”

El barco salió del puerto de Amberes el 15 de marzo de 1938 y llegó a Veracruz el 14 de abril. Al día siguiente, un tren les llevó de la costa a México D.F. donde les esperaba Lou Litchveld.

Francisco Ferri Linder. Digitalización desde una copia de microfilm del Archivo General de la Nación de México. Registro de Inmigrantes Españoles en México. Archivo General de la Administración

Tras unos días en casa de sus amigos holandeses la familia se instaló en una pequeña casa de San Ángel, propiedad del pintor Juan O’Gorman. Allí frecuentaron los círculos intelectuales antiestalinistas, donde se hicieron íntimos de Diego Rivera, Trotsky, Orozco…

Ruth de nuevo:

“(…) teníamos mucho contacto con Trotsky, Diego Rivera, porque vivíamos todos en San Ángel, nos hemos visitado y discutido cada noche”

En este contexto de paranoia antiestalinista de alcance internacional, de la que Ruth y Franz había sido víctimas, Yosef Stalin había dado la orden de asesinar a Trotsky. El agente de la NKVD Kótov, encargado de las operaciones contra éste en México, se valió de dos comunistas españoles, Caridad Mercader y Ramón Mercader, madre e hijo, íntimos amigos de Franz con los que había coincidido en Toulousse a principios de los años 30.

Aunque la casa en la que vivía Trotsky estaba fuertemente custodiada, Ramón que llevaba varios meses en México bajo el alias de Jacques Mornard y como novio de Sylvia Ageloff, secretaria de Trotsky, consiguió infiltrarse en el estrecho círculo de simpatizantes. Después de varios meses en los que Ramón cultivó la relación con el líder exiliado, en la mañana del 20 de agosto de 1940 fue recibido a solas por el dirigente comunista. Mercader le traía supuestamente unos escritos. Trotsky se acercó a la ventana con el objeto de leer mejor y en ese instante Mercader le descargó un feroz golpe con un piolet en la nuca, enterrando profundamente la herramienta en el cráneo de Trotsky. Aun así, Trotsky no pereció instantáneamente y sobrevivió entre espasmos y convulsiones durante unas 12 horas más antes de fallecer.

Sentencia condenatoria a Ramón Mercader, Jacques Mornard, por la Sexta Corte Penal de México D.F., el 27 de junio de 1944.

La pregunta que suscita esta realidad histórica es inevitable: ¿Coincidieron Franz Feldman y Ramon Mercader alguna vez en la casa de Trostky? ¿Coincidieron en algún lugar de México?¿Acudió Franz al juicio de Ramón, se puso en contacto con él? ¿Quedaba algo de aquella vieja amistad?

4 pensamientos en “El judío que pudo salvar a Trostki

  1. Daniel oldak
    17 agosto, 2017 a las 22:16

    Buenas tardes, me encanastaría ponernos en contacto con el autor. El hijo de la persona que describe en el artículo es mi suegro y tiene mucha literatura que puede enriquecer su investigación . Vive actualmente en México

    1. Daniel Goldstein
      17 octubre, 2017 a las 19:51

      Estoy haciendo una investigación histórica sobre el exilio en Mexico (1941-1943) de Leo Valiani, un politico, periodista y autor italiano. Encontré algunas cartas enviadas por Valiani a varias personas en las que Valiani (conocido también como Leo Weiczen) utilizó lo seguente como su dirección:

      Mexico, 11 août 1942
      Leo Weiczen 
c/o Fco. Ferry Margaritas 184.B
      Colonia Florida
      St. Angel Mexico D.F.
      He podido determinar que “Fco. Ferry” significa Francisco Ferry, el protagonista de este articolo. El fato che Valiani usaba la dirección de Francisco Ferry como la sua me sugiere che hubiera existido una amistad entre los dos. Tendría Ud. algo che clarifique la natura de la relación entre Ferry y Valiani? Me gustaría mucho saber.

  2. Pau Vinyes i Roig
    16 septiembre, 2017 a las 0:35

    Molt bon article. Felicitats. Una història desconeguda la de Franz Feldman. El català Ramon Mercader va ésser alumne de la meva besàvia Antònia Llop. Recordo com el meu avi m’ho explicava de jove.

  3. Gregorio Luri
    18 septiembre, 2017 a las 17:58

    Magnífico artículo, enhorabuena. Sin duda los Mercader y los protagonistas de tu artículo se conocían bien.

    Daniel Oldak: me gustaría mucho poder contactar contigo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *