“Cuando llegamos a España, nos dedicábamos al cambio clandestino de divisas”. Entrevista a Alfredo Papo.


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Ya me habían avisado que Don Alfredo era una biblioteca andante. Tiene 90 años y me deja sorprendido la lucidez con la que recuerda hasta el más mínimo detalle de su vida. Se le ilumina la cara cuando habla de su infancia. Entre anécdota y anécdota me pone en contexto dándome una lección magistral de historia.

Alfredo Papo. Fotografía: Tomás Morgenstern.

¡Conoce la historia de su família desde los años de la Inquisición!

Si. A finales del siglo XV mi familia emigró de España a Livorno (Italia) y luego a Adrianópolis, en Turquía, ya que el sultán decidió acoger a los judíos con benevolencia.

¿A qué se dedicaba su família?

Mayormente eran comerciantes. Y a principios del siglo XX, a parte de comerciantes eran hiladores de seda natural. Mi abuelo materno era el jefe de la familia, todavía en Turquía.

¿Y en qué año volvieron a España?

¡No corra!

Disculpe, no corro…

Mi abuelo venia a Europa para hacer compras, y cuando estalló la Primera Guerra Mundial, estaba en Italia. Por esa mala suerte, lo metieron en un campo de concentración… pero en aquella epoca los campos de concentración eran otra cosa, no eran lo malo que fueron en la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué pasó cuando terminó la Guerra?

Mi abuelo pudo reunirse con la família, que ya había emigrado de Adrianópolis a Constantinopla, que era naturalmente la capital del Imperio Musulmán. Y a pesar de todo lo que había vivido, mi abuelo les cantó a todos las excelencias de Italia y decidió que había que irse para allí.

Emigran a Italia pues.

Si. Al llegar a Italia las actividades de la família se dividieron en dos. Por un lado crearon una red de hoteles muy importante en Milán, Roma, dos en Paris y uno en Berlín. Por otra parte decidieron que había que seguir como hiladores, y montaron una fábrica cerca de Milán… lo más moderno que pudiese existir!

Entonces en Italia les fue muy bien.

¡A las mil maravillas! ¡Fueron 10 años de gloria! El Hotel de Milán, por ejemplo, era de lo más lujoso que uno se puede imaginar. Todas las divas se alojaban allí. Me acuerdo como si fuera hoy del comedor del Hotel… era una mesa enorme donde toda la família comía. Por entonces mi padre ya se había casado con mi madre, que era prima segunda suya, hacia el 1920-21. Y yo nací en Milán, en 1922.

¿Que pasó después de esos 10 años de gloria?

Las cosas se estropearon…por la creación del rayón, una fibra artificial.

Empezaron a perder mercado.

Así es. Y con los hoteles hubo otro problema…porque no eran propiedad de la família, sino que eran alquilados. Los propietarios empezaron a pedir más dinero…y claro, resultaba demasiado caro. Tuvimos que abandonar los hoteles de Roma, Milán y Berlín.

¿Qué hoteles quedaron?

Quedaron los dos de París. Así que en 1929 se decidió que mi padre se fuera a la capital francesa para dirigir estos dos hoteles. Yo tenía 7 años cuando nos trasladamos…así que no solo cambié de ciudad sino que también de idioma.

¿Cómo les fue en Paris?

Pasaron los años y hubieron altibajos… Mis padres tuvieron que cerrar uno de los dos hoteles y se quedaron solo con uno, el más modesto, del cual mi padre fue el director hasta 1939… cuando viene la catástrofe.

Estalla la Segunda Guerra Mundial… ¿Qué pasa con su familia?

Nosotros nos habiamos refugiado en un castillo, en el Monte Saint-Michel, que pertenecía a una familia judía. Estuvimos allí cerca de un año, entre el 1940 y el 1941.

¿Y después de ese año?

Volvemos a Paris… pero teníamos un miedo terrible a los alemanes. Mi padre, que cuando estabamos en Milán había conseguido la nacionalidad española para todos nosotros gracias a un decreto de Primo de Rivera, se fue a ver al consul de España en Paris y éste le dijo que no nos movamos ni hagamos nada.

¿Cuánto tiempo más estuvieron en Paris?

Pues al cabo de unos meses, el cónsul de España en Paris dijo finalmente a todos los judíos con nacionalidad española que se marchásen a España porque que ya no podría protegerles. Y en septiembre del 1941 nos vinimos a Barcelona, porque mi padre tenia un primo hermano con nacionalidad española que ya vivía aquí.

Entonces su padre, sin saberlo, les salvó la vida cuando en Milán les hizo a todos españoles!

¡Exacto!

Llegaron a Barcelona en el ’41… y ¿cómo fue la vida aquí?

Muy mal, porque hacía poco que había terminado la Guerra Civil. Además a mi me tocó hacer el servicio militar. ¡Tuve que alistarme 3 años!

¿Qué hizo en el ejército?

A mi padre le presentaron un coronel del ejército,  que me puso en sanidad…Primero en Granollers y más tarde en el Hospital Militar de Vallcarca.

Mi padre, para agradecérselo le preguntó al coronel qué regalo quería, y el militar le respondió que “un paraguas!”, jaja!

¿A qué se dedicaba su família aquí en Barcelona?

Por un lado mi padre les vendía ‘porquerías’ a un señor suizo…

¿Qué clase de porquerías?

Por ejemplo… pelo de cabra… Realmente porquerías. Además, mi padre también había abierto un despacho donde nos dedicábamos al cambio clandestino de divisas. La venta de “porquerías” era más que nada una tapadera.

El negocio de las divisas ¿funcionaba bien?

Bastante bien. Ganábamos dinero. El negocio duró bastante tiempo. Estabamos todos los hombres de la família metidos ahí… incluso mis tíos, que habían venido de Italia después de nuestra llegada a Barcelona y yo mismo cuando terminé el servicio militar a los 22 años.

A parte de dedicarse a las divisas, usted también fue crítico de Jazz.

Si bueno, pero esto era una cosa de muy poco calado. Lo hacía como hobby. Cuando vine de Paris empecé a tomar contacto con los pocos músicos que había en Barcelona y en Madrid, y poco a poco me fui metiendo en el mundo del Jazz. Me hice amigo del gran Hugues Panassié, del que traduje algunos libros al español y más tarde yo mismo publiqué “El Jazz a Catalunya” (Edicions 62, 1985), entre otros. Además, a partir de los años 40 traíamos músicos de fuera para que actuaran en Barcelona.

Usted mismo ha dicho que su vida ha estado llena de altibajos… ¿Cuál ha sido el momento que usted recuerda como el más difícil?

Pues a parte de los 3 años de servicio militar… El momento más duro fue la muerte de mi hijo, a principio de los ’80… Cuando iba al instituto se metió en temas de drogas, y se contagió de SIDA… Era la época de los primeros brotes de la epidemia.

Lo siento…

Gracias.

¿Y el momento más feliz?

Pues casi a principios de la década de los 1950, una prima segunda mía, Sara, vino a Barcelona desde Turquía para cantar las maravillas de la moda de su país. Se quedó unos días aquí, nos gustamos mutuamente,  pero se marchó de vuelta a Estambul. Aún así, al cabo de unas semanas yo le pedí la mano ¡Y dijo que sí! Sus padres también aprobaron el matrimonio y en 1954 nos casamos en la Sinagoga del Call de Barcelona. ¡Estuvimos casados casi 60 años!

Un pensamiento en ““Cuando llegamos a España, nos dedicábamos al cambio clandestino de divisas”. Entrevista a Alfredo Papo.

  1. Esther
    15 Julio, 2013 a las 16:01

    יהיה זכרו ברוך

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